El viaje siempre es una elección. Una elección de destino, de compañía y, sobre todo, de intención
Tras la reflexión del pasado jueves, la ruta
anunciada —nuestra "Expedición al Horizonte Interior"— prometía ser
un retorno a lo esencial. Y así fue.
El primer gesto de libertad llegó incluso antes de que las ruedas comenzaran a girar. Algunos compañeros, con sus bicicletas recién llegadas de Asturias, optaron por una alternativa más sencilla y cercana.
La
logística del traslado hasta la ruta prevista se sentía como una atadura
innecesaria. Eligieron rodar por inspiración, no por compromiso.
La cifra se sintió como un privilegio: la energía justa para un camino compartido, donde las risas y las palabras encuentran mejor su espacio sin perderse en la multitud.
La ruta se expresó con su propia verdad: la de un viaje sereno, sostenido por la complicidad más auténtica.
El Sendero: Memoria y Renacimiento
Sorprendía y se agradecía recorrer las callejas entre fincas sin gota de agua, sendas que se dejaban visitar sin oponer resistencia.
Recorrimos el Cordel Prado Tejera y el Cordel del Juncar, pasando a pocos metros del Embalse de Santillana, que se nos ocultaba a la vista como secreto guardado entre los árboles.
El Cordel de la Carretera de Miraflores nos condujo a un tramo largo y muy rápido, junto a vías del tren, que parecen estar inmersas en una rehabilitación que incluso contempla alguna estación nueva.
Después, el ascenso por la Vereda del Humilladero, donde fuimos testigos de una escena dura: varios cazadores tenían a sus pies dos enormes ejemplares de jabalíes abatidos. La montaña también guarda silencios que duelen. Por un instante, el silencio de ese encuentro se coló entre el rodar de mis ruedas. El horizonte interior no solo es belleza, sino verdad.
Entramos en tierras de Guadalix de la Sierra y el ánimo no decae, al contrario, avanzamos rápidos uno tras otro por esos estrechos senderos que nos recibían con agrado y nosotros disfrutábamos.
Era como si la tierra nos reconociera y nos invitara a seguir.
El Reto que nos Observa
El ascenso nos puso a prueba, como siempre. La pista que se transforma en sendero exigente, obligaba a rodillas firmes y corazón abierto. Pero no escuché ni una sola queja, solamente palabras de ánimo en los tramos más complicados y alegría al superarlos. Algunos silencios decían más que cualquier palabra.
Me sorprendía ver cómo, para algunos compañeros, los tramos más duros se volvían casi amables... como si la montaña se dejara acariciar.
La cima no era solo un punto geográfico, era el reflejo de nuestra voluntad.
Florecer sin Hojas: La Verdad del Pedal
El descenso por la Cañada del Recuenco, con sus exigencias técnicas, nos recordó que la bicicleta es un ejercicio de presente. La cabeza no puede perderse ni en el recuerdo ni en la preocupación; solo debe fundirse con el tacto del manillar, el equilibrio, la confianza y el ánimo del compañero.
No hay más remedio, algunos toboganes de
rampas duras que hacen ya arder las piernas en el Cordel del Hoyo de Manzanares.
¡Ánimo!,
que tenemos por delante la Colada de los Gallegos.
Sin pérdida, cada uno se alía con el compañero que te abre camino o sigue tu estela. Quien marcha delante busca el mejor trazado y los metros se conquistan con esfuerzo y la satisfacción de cada tramo vencido.
Aquí, la edad no es una excusa para desistir, sino motivo para saborear cada paso con más entusiasmo.
Un “flow” ilusionante y contagioso que se apoderaba de nosotros.
Cada cual encuentra su ritmo, su trazado, su forma de volar sobre la tierra. Y yo, que solo quería compartir caminos, me descubro pensando: “Estoy asustado… he creado monstruos”. Monstruos de alegría, de fuerza, de amistad.
Hemos recorrido 47 kilómetros, duros, en poco
más de 4 horas.
Esa es la verdad que nos regala el pedal: la
ceniza —la pérdida, la dificultad— es el único abono que permite que lo
esencial brote. Como la quitameriendas,
que florece sin hojas, el gozo de hoy no es el mismo que el de aquel febrero. Es un
disfrute más libre, más selectivo, nacido de la aceptación.
La Música del Regreso
Fer.
ResponderEliminarMe alegra mucho que lo pasarais bien, según describes la runa apunta alto, seguro que la conozco pero ya sabes..
Nos vemos en breve.
Claro que la conoces: recuerda a los guardas civiles haciendo prácticas con las motos de trial. Las ausencias marcaron la ruta: la de los ocho amigos que estuvisteis en febrero de 2024 y esta vez no, y la falta de humedales en las sendas y el trazado. Alfonso.
EliminarMe siento importante al ver mi colaboración fotográfica reflejada en el blog, es genial formar parte de esta manera de compartir las experiencias.
ResponderEliminarQuiero agradecerte además de por la organización, los ánimos que nos das en los momentos de máximo esfuerzo. Y como siempre, buenas reflexiones que nos invitan a pensar más allá del sendero físico.
Gonzalo