domingo, 25 de febrero de 2024

Volando voy, volando vengo. Ni gota, ni gota

 

Comenzar un camino nuevo da miedo. Pero a cada paso que damos, nos damos cuenta de que lo peligroso era quedarse quieto

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Como cada domingo, me dirijo ilusionado hacia el punto fijado de encuentro con la incertidumbre de qué amigos serán los que hoy se libren de sus compromisos y puedan acudir.

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Durante toda la semana, hemos venido consultando las previsiones de lluvia en la zona y no descartamos la posibilidad de que la “pasta” de la que estamos hechos se ponga a remojo a lo largo de la mañana.

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El encuentro es en un polígono, muy tranquilo y con espacio de sobra para aparcar sin molestar a nadie. Lo malo es que no hay ningún sitio donde tomar un café antes de salir, ni donde celebrar la ruta al regreso. Tal vez por ello, hoy vamos iniciar la marcha cuasi puntuales: Andrés, Ángel, Asanta, Enrique, Fer, Luis Ángel, Miguel Ángel, Nacho, Patrick y Alfonso.

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Veo a compañeros bastante abrigados, pero no dudo de que a lo largo de la mañana alguna ropa acabe en la mochila, donde seguro no falta, ni nadie ha olvidado, un chubasquero.

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Echando de menos a otros amigos de asistencia habitual, la decena de ciclistas presentes nos ponemos en marcha, atacando con calma el primer rampón de la mañana por el monte de Valdeoliva.

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Una ruta engañosa y exigente

Enrique nos ha sorprendido con una ruta que no se parece en nada a las que solemos hacer. Una ruta llena de trampas, de subidas y bajadas que no dan tregua, de curvas que nos obligan a estar atentos. Una ruta que no pone a prueba nuestra destreza, sino nuestra resistencia.

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El recorrido es más corto que el que hicieron otros compañeros hace poco, pero no por eso menos intenso. Nos lleva hasta El Molar, siguiendo el antiguo Camino de Francia, que une Madrid con el norte.

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El día parece no acompañar mucho. El cielo está gris y el aire frío. Pero no nos importa. Después de 25 kms, ya estamos calientes y sudorosos. Por suerte, no llueve ni hay barro. Podemos ir a un ritmo aparentemente tranquilo y charlar con el que tenemos al lado.

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El paisaje no es muy variado, pero tiene su encanto. Vemos árboles y arbustos que se han adelantado a la primavera y lucen flores blancas y rosas. Algunos dicen que son jazmines, otros que son azahares, tal vez cerezos. Yo no lo sé, pero me gusta el aroma que resulta fácil de percibir y te envuelve.

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Llegamos cerca de Torrelaguna y nos enfrentamos a una cuesta dura de unos 2 kms. Parece que la ruta se burla de nosotros, porque luego bajamos toda la altura ganada y tenemos que volver a subir. Hay quienes aprovechamos para forzar la marcha antes de alcanzar, casi, el alto del Chifladero, desde donde se ve la Sierra de la Cabrera, el Mondalindo y el final de la Cuerda Larga.

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Estamos siguiendo tramo de la carretera de Servicio del Canal Isabel II. A ambos lados de la pista, vemos tentadores senderos de tierra, pero… hoy no tocan. Siguiente localidad: Venturada, después de superar el arroyo de Sacedón. El viento se nos pone en contra.

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Nos toca otra subida, más dura de lo que se desprende del gráfico, por la M-627, rodeando el embalse de Pedrezuela o del Vellón y tomamos el camino de servicio del embalse. No nos podemos resistir a cliquear unas fotos de recuerdo.

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Después de pasar la presa nos aguarda un largo recorrido por el Camino de Servicio del Canal Alto. Aquí ya no hay tiempo para hablar, el silencio parece imponerse la mayor parte del tiempo mientras aceleramos la marcha, que casi se mantendrá hasta el final.

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Observamos con curiosidad los numerosos aviones que nos muestran su panza al girar para alinearse con las pistas de aterrizaje. Vuelan, nos parece, más bajos de lo habitual, por debajo de las nubes oscuras, como si quisieran evitar perder visibilidad o escapar de una lluvia que amenaza con descargar sobre nosotros.

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Nos adentramos en la Dehesa de Moncalvillo, pero nuevamente intentamos no abandonar las pistas que nos libran de las zonas húmedas. Y avanzamos rápidos los últimos kilómetros por el camino del Carril de las Mentiras.

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No lluvia, no barro, más ritmo y más kilometraje del habitual. Los abrazos, los de siempre, fuertes y sinceros y un sentir general: Una ruta como esta de vez en cuando… no hace daño.


jueves, 22 de febrero de 2024

Hechos de otra pasta


¿A que no lo has pensado?

 

Desde que nacemos hasta que morimos, se calcula que pasamos un promedio de 25 años en la cama. 9.125 días entre sábanas. 547.500 minutos en brazos de Morfeo. Suena bien ¿no?

Una cama calentita, una manta, el despertador apagado y un fin de semana entero para remolonear. El paraíso de los perezosos. 

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Hechos de otra pasta

A pesar de levantarnos temprano por el trabajo todos los días, algunos podrían pensar que es ilógico que también lo hagamos los domingos, pero lo hacemos con una sonrisa.

¿Y si además hace frío? ¿Y si además le da por llover?

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No nos importa, porque los domingos son nuestros días favoritos. Los domingos son los días en que podemos disfrutar de nuestras dos pasiones: La bicicleta y la amistad.

Nos encanta salir a la naturaleza, respirar el aire puro, admirar el paisaje y sentir la adrenalina de superar los retos. El frío y la lluvia (en la mayoría de los casos, Je Je) no son obstáculos, sino alicientes.

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Nos abrigamos bien, cogemos nuestras bicicletas y nos lanzamos a la aventura. Cada domingo es una oportunidad de descubrir un nuevo lugar, de aprender algo nuevo, de compartir experiencias con nuestros amigos y de sentirnos vivos. Por eso los domingos nos levantamos temprano y con una sonrisa.


 

Domingo, 25 de Febrero de 2024


¿Os apetece una nueva aventura? Nuestro amigo Enrique nos ha preparado una “ruta rodadora” que nos llevará por caminos secos y divertidos, evitando el barro que tanto sufren nuestras bicicletas. Seguro que ellas nos lo agradecen después de tantas jornadas de lluvia y charcos.

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No importa si tienes un chubasquero de marca o de mercadillo, lo importante es que vengas con ganas de disfrutar y de compartir una nueva mañana. 

Lugar de encuentro: Calle Camino de Valdeolivas – San Agustín de Guadalix

Hora de encuentro: 8,45

Ruta prevista:


Aquí os dejo para que os fijéis un “parecido razonable”:

Nuestro amigo Patrick y el actor Mattheu Macfadyen en un sport de Mercedes-Benz

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domingo, 18 de febrero de 2024

Ruta MTB diferente, en Navalafuente

 

No esperes que los demás te den más de lo que tú has dado por ellos, terminarás muy decepcionado

Sin embargo, la satisfacción es enorme cuando piensas que lo que estás recibiendo supera con creces lo que tú has dado. Alfonso


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Nos hemos desplazado a Navalafuente en varias ocasiones y la ruta propuesta en cada ocasión, con pequeñas variantes de una a otra vez, siempre nos ha parecido divertida a la vez que exigente y dura en su conjunto.

Hoy, la motivación de la cita ha sido diferente a la de otras ocasiones. Estaba pendiente la celebración de mi cumpleaños, que fue la semana pasada. A estas alturas, cumplir años y mantenerte activo casi se convierte en toda una proeza que no puedes dejar de celebrar.

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Han podido acompañarme: Andrés, Ángel, Enrique, Ernesto, Fer, Jesús, Juan, Luis Ángel, Nacho, Pawel y Rafa.

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Un café y en marcha

Algunos ya llegamos desayunados desde casa, pero cada vez son más los que necesitan una dosis extra de cafeína para afrontar el día con energía. Suerte para ellos, la Taberna de Nava ya se encuentra abierta a primera hora de la mañana. De paso, nos presentamos de cara a nuestro regreso.

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Y arrancamos con cierta parsimonia, tal vez porque la mente es sabia y nos recuerda la dura subida al Puerto del Medio Celemín que nos aguarda. Ya hay quienes bromean asegurando que nos verán iniciar el ascenso y nos esperarán a que regresemos… ¿o lo dicen en serio?

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Los primeros kilómetros por el Camino de Cabanillas son casi un paseo, tal y como recordábamos de otras ocasiones, que nos sirven para ir calentando las piernas en una mañana que se ha presentado fresca, sí, pero que sabemos que pronto cogerá temperatura.

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El arroyo Albalá, más caudaloso que en otras ocasiones, nos obligará, no sin disgusto, a mojarnos los pies por primera vez. Tranquilos, que no será la última.

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Nos acercamos a la localidad de Cabanillas de la Sierra y seguimos el curso del arroyo Sacedón por un largo tramo, jugueteando por sendas zigzagueantes. Callejas y callejones entre fincas, donde el agua de las recientes lluvias se estanca, dándonos a elegir entre volver a mojarnos los pies o resbalar en un vano intento de esquivar el barro pegajoso y fétido.

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Un cambio de marchas que se declara en rebeldía, que se resiste a funcionar bien, quizás porque su dueño se olvidó de mimarlo con un poco de aceite. El compañero que se queda atrás y toma el camino equivocado hasta perderse o el que se obstina en no mojarse los pies y salta de piedra en piedra como bailarina. Tic-tac, tic-tac y los minutos van pasando.

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Los senderos nos llevan al encuentro de canchales que sorteamos o superamos con mejor o peor fortuna, pero siempre con empeño y después, descenso que algunos no llamarían “trialera” pero que nos exige habilidad a todos antes de superar alguna rampita.

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Bonito requiebro el que hemos hecho, pues volvemos a cruzar el arroyo Albalá hasta en dos ocasiones y nos alejamos, sólo por precaución ¿eh?, de unos mastines que ladran furiosos sin disimular que no les gusta nuestra presencia.

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Afrontamos el peor tramo del recorrido como buenamente podemos. Es aquel en el que no basta empeño y habilidad. Los que llevamos e-bikes tenemos que cargar con un auténtico lastre en zona escalonada o por canaleja tan estrecha que es imposible dar una sola pedalada. A pesar de ello, unos compañeros han tomado bastante distancia mientras otros se encuentran muy descolgados.

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Hacemos por reagruparnos al llegar a Valdemanco. Por el camino hemos oído un par de tiros de escopeta lejanos, pero sin saber de dónde provenían. Ahora se vuelven a escuchar otros más cercanos. Una señora cordial y después otro vecino amable nos avisan de que en las laderas del Puerto del Medio Celemín se desarrolla una montería y que no es recomendable que intentemos subir.

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Si hoy hay que recortar, se recorta

No queda más remedio que aplicar a la ruta un recorte de unos 9-10 kms, que quedan pendientes para una nueva ocasión, que seguro la habrá. Y más adelante, tendremos que volver a recortar algo más de un km al encontrarnos otro callejón enfangado sin escapatoria posible y en el que no se logra apreciar profundidad y estado del fondo. 

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Rodamos rápido, muy rápido, junto antiguas vías de tren, hasta coger desvío junto a las instalaciones de la abandonada estación de Bustarviejo-Valdemanco.

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Todavía podremos divertirnos por senderillos disfrutones, por nuevos canchales de piedra junto a antiguas canteras e incluso lanzarnos con atrevimiento por el camino Real de Bustarviejo. ¡Uff, qué pasada!

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Cruzando puente sobre el arroyo Gargüera doy aviso: “¡Qué nos hemos dejado atrás un enebro centenario…! ¡Que nos podríamos acercar a ver la Cascada del Cancho…!” Pero ya no hay nada ni nadie que nos haga detenernos.

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Llegamos hasta los coches sin agobios de hora. Limpiamos y guardamos las bicis con tranquilidad. Nos aseamos en la medida de lo posible y… a disfrutar de unas merecidas cervecitas en la Taberna de Nava. Gracias Ernesto y Fer.

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Con los vasos aún en la mano, nos dan paso al salón comedor. Vamos a disfrutar de buena comida con excelente compañía. Qué gratificante es poder compartir risas con los amigos.

En los momentos en que la vida nos presenta desafíos, las verdaderas amistades se distinguen por su capacidad para brindar consuelo, apoyo y empatía