jueves, 9 de abril de 2026

Hay domingos que no se escriben sobre la tierra

Mientras para algunos la rueda se detiene y la bicicleta descansa, otros siguen el hilo del camino. No se rompe nada. La ruta continúa, como esas sendas que, aunque uno no las pise, siguen ahí, abiertas, esperando.

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Han sido dos domingos así.
Ellos salieron, rodaron, subieron. Nombraron lugares que me son tan familiares que casi podría jurar que estuve allí. Este último, ya de regreso, con el ascenso a Pasapán en las piernas y en la memoria compartida.

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Yo no estaba. O quizá sí, pero de otra manera.

He estado ejerciendo de abuelo. Y lo digo así, sin más adorno, porque hay tareas que no necesitan explicación. Solo presencia. Solo tiempo.

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Un tiempo distinto, que no se mide en vatios ni en desnivel acumulado, sino en la cadencia de unos instantes que, una vez pasan, no se repiten.

La bicicleta ha permanecido en silencio, apoyada como quien sabe esperar. Sin reproches. Entendiendo que hay pausas que también forman parte del camino.

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Y, aun así, no he sentido que me alejara del todo.
Porque cada uno recorre lo que le toca y hay rutas que no se hacen sobre la tierra. La rueda sigue y el próximo domingo nos llevará hasta Trillo.

Volveremos a rodar juntos por otros paisajes y, después, a sentarnos alrededor de una mesa —Restaurante Cuevas de Sinagoga—. Que también eso es parte del viaje: compartir el esfuerzo y luego la calma, el polvo del camino y la conversación tranquila.

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La propuesta nos la trae Luis Ángel, que ya conoce aquellos caminos y los quiere compartir con nosotros.

Quizá se trate de eso: de saber irse cuando la vida lo pide… y de saber volver cuando el camino nos llama. De entender que la rueda no siempre gira hacia adelante, pero nunca se detiene del todo.

Trillo nos aguarda. 

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Domingo, 12 de Abril de 2026

Hay domingos que no dejan huella en el camino, pero sí en uno mismo. Y después de esa pausa, casi sin hacer ruido, se despierta de nuevo el deseo de volver al grupo.

El próximo domingo, el camino nos llevará hasta Trillo, colgada sobre las aguas del embalse de Entrepeñas, donde el silencio y el paisaje hablan por sí solos.

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Entre todos, volveremos a trazar ese lienzo común que solo se dibuja cuando las ruedas coinciden en el mismo sendero. 

Hora de encuentro: 9,00 (decimos bien)

Lugar de encuentro: Chillarón del Rey (Guadalajara)


domingo, 5 de abril de 2026

Domingo de Resurrección con AlfonsoyAmigos


Un Domingo de Resurrección que a la postre sería un domingo de reencuentros

DLa Estación de El Espinar partiría un grupo de amigos hacia el ya tan conocido Puerto de Pasapán, no sin antes recorrer todo el cordel que lleva hacia la puerta donde se inicia el ascenso. 

Los allí presentes seríamos: Andrés, Enrique, Fernando, Jesús, Juan, Miguel Ángel, Nacho, Raúl, Santi y Luis Ángel.

 Crónica: Luis Ángel


El reencuentro mencionado tenía como protagonistas a Fernando y Nacho, que tras unos meses de ausencia por lesiones y problemas físicos volvían al grupo con la misma alegría, ilusión y energía de siempre.

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Pawel se nos uniría al pasar por Los Ángeles de San Rafael, pero a los pocos metros y minutos de estar con nosotros, un problema irremediable en el cambio de su bicicleta le haría tener que abandonar y volver a su casa. Qué lástima, amigo, te veremos pronto de nuevo.

Iniciaríamos la subida a Pasapán, pero esos 20 km de aproximación hasta los pies de la montaña se llevan ya en las piernas y parecen querer pasar factura justo antes de empezar el gran test de la mañana. Una subida de 8 km y 650 metros de desnivel que requiere no solo de esfuerzo, sino también de concentración y mentalización.

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Un puerto que parece atraparte a cada metro, a cada pedalada, y donde es imprescindible poner el ritmo que cada uno considere, sin mayores retos que el de coronar de manera óptima.

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Es de esas subidas donde lo mejor es pensar que todo tiene un final, que cada metro que avanzas ya es pasado y donde el sufrimiento es tu único aliado durante toda la ascensión.

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Y como no puede ser de otra manera, se acaba llegando a ese monolito donde se anuncia el punto más alto del Puerto de Pasapán, en plena Mujer Muerta.

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Bravo por todos los compañeros de ayer. Pero mención muy especial y emocionante para Fernando y Nacho, que tras sus meses sin poder acudir a rutas hicieron la ascensión con verdadero pundonor y casta, pedalada tras pedalada. Sufriendo y sin la más mínima objeción. Admiración, la nuestra, para vosotros dos ayer.
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Muy especial y emocionante la llegada a ese punto alto del día, a 1.850 metros de altitud.

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Y el ambiente arriba no podía ser mejor. Acompañaba todo: un soberbio día de sol y temperatura, el haber culminado la llegada y, como no, saber que el esfuerzo del día ya había sido completado y solo nos quedaba disfrutar de una larguísima bajada hasta el punto inicial del track del día.

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Al final, en La Estación, un rato sentados juntos, comentando lo acaecido en la mañana, en historias ya pasadas y en proyectos futuros, y todo ello gracias a Miguel Ángel, que pudo invitarnos a todos por su pasado cumpleaños. 

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Y gracias a todos los que hicisteis de este domingo un día tan especial e impresionante por clima, por track y por reencuentros. Pero sobre todo por haber pasado un día juntos tan sensacional. Rutonazo hoy de principio a fin. Maravilloso.

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domingo, 22 de marzo de 2026

Entre pinos y amistad por La Jarosa

El lunes siempre amanece con el eco de las pedaladas del día anterior

Queda una inercia suave que invita a mirar atrás, a recoger con cuidado lo que la montaña quiso dejarnos. Poco importa si el cielo lució azul o si la niebla jugó al escondite; lo que permanece es la huella… y la conversación que la acompaña.

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Así lo recuerdo:

Nos reunimos en un lugar ya conocido. El ritual se repite sin esfuerzo: saludos, bicicletas apoyadas unas junto a otras, pequeños ajustes y esa pausa breve antes del primer pedal, donde conviven la expectación y el respeto por lo que vendrá.

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Hay quienes llegamos con tiempo, por el gusto de preparar sin prisa. Otros madrugan aún más, fieles al café compartido que abre el día.
Aunque faltaron algunos, allí estábamos los que pudimos compartir la mañana: Ángel, Enrique, Juan, Luis Ángel, Pedro, Raúl, Samuel y Alfonso.

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Hoy, gran parte de las miradas se centraron en Juan, que estrenaba una Trek Fuel EXe y una chaqueta a juego que parecía formar parte de la bicicleta —o quizá fue la bici la elegida por la chaqueta—. Durante toda la ruta se le notó eufórico, disfrutando, recordándonos que cada salida trae también novedades que celebramos juntos.

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Tras los saludos, siempre hay una frontera invisible al comenzar. Esta vez, ni siquiera los mapas parecían ponerse de acuerdo: ¿Estamos en Collado Villalba o en Alpedrete? Da igual. Hay lugares que no necesitan nombre cuando ya forman parte de nuestras aventuras.

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Los primeros kilómetros nos resultan familiares de otras rutas recientes. Caminos ya recorridos, donde las ruedas parecen encontrar solas el camino: Salimos de Alpedrete, cruzamos Las Cabezuelas y ponemos rumbo a Guadarrama. Pero pronto el trazado se abre, se bifurca, y la ruta empieza a tomar un pulso distinto, alejándose de lo conocido.

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La carretera y su asfalto, inevitable durante un tramo, se hace larga. Nunca terminamos de acostumbrarnos a ese ruido ajeno, a la prisa de otros. Por eso el alivio llega casi como un pequeño premio cuando, tras una larga subida, aparece el embalse de La Jarosa, lleno, sorprendentemente lleno, como si hubiera decidido mostrarse en su mejor versión.

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Pedaleo pendiente del compañero que marcha delante, de los coches con los que compartimos asfalto y, como fotógrafo, lamento no poder parar el tiempo para captar la imagen.
Lo bordeamos hasta detenernos un instante en La Jarosa II. Alguna barrita antes de atacar lo más duro del día; quizá sobra algo de ropa.

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A medida que ganábamos altura, el murmullo del arroyo de los Álamos y el crujir de las ramas se colaban entre nosotros. Los nidos de orugas ya se dejan ver, pequeños recordatorios de la vida que surge en cada rincón.

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La mañana se va haciendo a base de subidas que no conceden demasiado. Hay momentos en los que el aliento se queda corto y otros en los que una broma lo aligera todo.

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Avanzamos con la esperanza de que la siguiente curva esconda unos metros de alivio, un respiro. Pero hoy la montaña no da cuartelillo. Agachamos la cabeza y seguimos pedaleando, sin hacer caso a esa vocecita que susurra al oído: “Para, para, para…”

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En el punto más alto nos detenemos. Suspiramos profundo. No hace falta decir nada. El aire es limpio, la temperatura justa, el cielo abierto. Miramos alrededor y, sin buscarlo, entendemos por qué seguimos saliendo juntos semana tras semana.

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Podríamos quedarnos aquí toda la mañana.

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Desde aquí ya todo bajada, ¿verdad?

Bueno, todavía hay algún repecho. Nos acercamos al arroyo de la Chorrera y a la zona de La Gamonosa, que ahora sí nos dejará libres para descender.

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La bajada de verdad llegó como siempre: rápida, viva, con esa mezcla de control y abandono que tanto engancha. Algún senderillo divertido, hasta el Cruce de las Conejeras, perdiendo altura con la sensación de haber aprovechado el día.

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Hubo un suspiro de alivio general al comprobar que la cuesta de hormigón —tan conocida como odiada— hoy la hacíamos de bajada, Cruzamos el túnel bajo la N-VI y, tras rodear el embalse de las Encinillas, adentrarnos en Guadarrama… ¡uff! zona urbana con mucho ambiente por las calles.

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Curioso, cuando menos, el regreso por Alpedrete siguiendo el trazado de un recorrido más propio de un paseo dominical. Así es.
Al final, el objetivo se ha cumplido: regresar pronto… y con la sensación de haberlo hecho bien.

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Los números quedan ahí —42 kilómetros, 810 metros de desnivel, 3 horas y 28 minutos—, pero lo que de verdad cuenta es haber compartido el esfuerzo, las pausas y ese hilo invisible que nos mantiene unidos.

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La semana próxima habrá nuevas ausencias, pero ya hay quien sueña con la próxima ruta.




jueves, 19 de marzo de 2026

La extraña pareja del Guadarrama

De como dos ardillas se abonaron al grupo 

En la Sierra no es raro cruzarse con bichejos: liebres, corzos, algún jabalí madrugador o las típicas ardillas que cruzan el camino como flechas. Pero lo de estas dos rompe todas las estadísticas.

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Una es de un marrón intenso, pura chispa inquieta, juguetona, asomada entre las ramas. La otra, de pelaje gris, más pausada, con esa elegancia distraída de quien se sabe observado, pero no tiene ninguna prisa.

Dicen que se conocieron una de esas mañanas duras subiendo por La Fuenfría, con el granizo golpeando la cara y todo bicho viviente buscando refugio bajo los robles. Quizá compartieron hueco en un tronco o un puñado de piñones mientras pasaba la tormenta. Quién sabe.

El caso es que han decidido aparecer en nuestro radar.

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Las vimos hace poco cerca de Navacerrada, mientras preparábamos las bicis entre risas, aroma de café caliente y ese frío que te espabila de golpe. Apoyé el cartel sobre el musgo y, de pronto, allí estaban: asomadas sobre el metal de AlfonsoyAmigos, hombro con hombro, como si estuvieran repasando la convocatoria de la ruta.

Míralas… —soltó alguien—. Al final se nos abonan al grupo.

Y algo de razón tenía. Son dos ejemplares distintos que han hecho del mismo bosque su casa. Desde entonces, han aparecido varias veces en nuestros relatos.

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Ya sabéis que no les gusta mucho mojarse. Las habéis visto compartiendo un paraguas en una rama para capear la lluvia, o mirando nostálgicas por la ventana mientras diluviaba, esperando, como nosotros, a que el tiempo diera una tregua para salir… Eso sí, cuando se ponen revoltosas, hasta han llegado a cogerme la cámara.

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No dan pedales —todavía—, pero nos recuerdan algo sencillo: en este grupo cada uno llega con su historia, su ritmo y sus manías. Y, aun así, de alguna manera, siempre terminamos rodando juntos.

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Domingo, 22 de Marzo de 2026

Como este fin de semana habrá celebraciones por el Día del Padre, hemos preparado una ruta que nos permita disfrutar de lo que nos gusta sin alejarnos demasiado de casa. Queremos estar de vuelta a tiempo para los abrazos y las cañas en familia, pero sin perdonar nuestra ración de montaña. 

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Hora de encuentro: 🕣 8,45

Lugar de encuentro:📍Aparcamiento junto al Parque Dehesa de la Villa - Collado Villalba