Crónica de ruta desde Zarzuela del Monte (Segovia)
Después de unas semanas sin poder acompañar al
grupo, volvemos a encontrarnos sobre la bicicleta.
Entre compromisos familiares, el intenso calor
de las últimas semanas y un paréntesis más largo de lo habitual, tenía ganas de
recuperar una de esas rutinas que, sin apenas darnos cuenta, acaban formando
parte de nuestra vida.
La propuesta de Ángel nos lleva hasta los caminos de Zarzuela del Monte en una mañana mucho más fresca que las anteriores. Aprovecho para agradecerle el tiempo que ha dedicado a preparar esta ruta y a asumir la responsabilidad de guiarnos durante toda la mañana.
El verano ya empieza a dejarse notar en el
grupo. Algunos
compañeros disfrutan de sus vacaciones y otros anuncian que las comenzarán en
los próximos días. Somos algunos menos de lo
habitual, pero las ganas de compartir camino no decaen.
Allí estamos: Andrés,
Ángel, Fer, Jesús, Luis Ángel, Nacho, Raúl y Alfonso. Los
saludos son los de siempre; los abrazos, quizá unos segundos más largos de lo
habitual.
No hace falta decir mucho más. Nos
colocamos el casco, ajustamos las bicicletas y comenzamos a pedalear con la
sensación de que algunas costumbres nunca se pierden; simplemente esperan el
momento de volver a coincidir.
La ruta no tarda en mostrar su personalidad. Los
primeros repechos, largos y exigentes, obligan a encontrar el ritmo sin prisas,
mientras el cuerpo termina de entrar en calor. El
aire fresco, presente durante toda la mañana, hace mucho más agradable el
esfuerzo.
Después llegan los largos descensos, rápidos y
divertidos, y los bonitos senderos que acompañan el curso del río, invitándonos
a disfrutar del paisaje.
Más adelante nos espera un interminable
ascenso por una pista forestal muy pedregosa, de esas que obligan a buscar
continuamente la mejor trazada, dosificar las fuerzas y mantener la
concentración para superar cada obstáculo sin poner pie en tierra.
Todavía quedan continuos sube y baja que
terminan castigando las piernas antes de regresar al punto de partida.
Mientras hago algunas fotografías pienso que,
al final, no echaba de menos únicamente montar en bicicleta. Echaba
de menos todo lo que sucede alrededor de ella: las conversaciones, las esperas,
las paradas y esa confianza que nace después de compartir muchos kilómetros.
Quizá por eso, mientras pedaleamos, es
inevitable que la conversación termine, por momentos, en los incendios que
estos días mantienen en vilo tantos montes que sentimos también un poco
nuestros.
Esta mañana, Zarzuela del Monte sigue
ofreciéndonos sus caminos en todo su esplendor, aunque todos somos conscientes
de que no muy lejos otros paisajes atraviesan momentos mucho más difíciles.
Al finalizar la ruta, justo es felicitar a Ángel por
el magnífico recorrido que nos ha preparado.
Después recogemos las bicicletas, las
acomodamos en los coches y un rápido lavado de cara y de manos nos deja listos
para dirigirnos a Casa Campana, donde Jesús y Nacho nos invitan a celebrar sus cumpleaños.
Los generosos aperitivos van llegando a la
mesa mientras la conversación se alarga, como suele ocurrir cuando nadie tiene
prisa por marcharse. Es la mejor manera de cerrar
una magnífica mañana de verano.
Una mañana más. Otra ocasión para volver a coincidir.