jueves, 20 de agosto de 2026

La bicicleta que necesitó un apellido

Las palabras también pedalean

AlfonsoyAmigos

Hace unos días, un comentario en una publicación de agosto de 2024 me llevó a releer un texto que hacía mucho tiempo que no visitaba.

Era aquel en el que uno de mis nietos me preguntó, con toda naturalidad:

"¿Qué es una bicicleta muscular, abuelo?"

Recuerdo perfectamente mi sorpresa. Durante toda la vida, una bicicleta había sido simplemente una bicicleta. No necesitaba ningún apellido. Si había que distinguir alguna, era la eléctrica.

Sin embargo, para él ocurría justo lo contrario. Había crecido viendo bicicletas con asistencia al pedaleo y, para diferenciar la otra, la de toda la vida, necesitaba llamarla "muscular".

En aquel momento me hizo gracia la pregunta y escribí sobre ella.

Pero ayer, al releer aquella publicación, descubrí algo que entonces pasó desapercibido para mí.

La expresión ya no me resulta extraña.

Es más, yo mismo la utilizo con absoluta normalidad cuando hablo con los compañeros o escribo sobre bicicletas.

No ha cambiado la bicicleta.

Ha cambiado mi manera de nombrarla.

Y eso me hizo pensar.

A menudo creemos que el paso del tiempo se mide por las arrugas, por las canas o por los años que vamos cumpliendo. Sin embargo, también deja pequeñas huellas mucho más discretas.

Una de ellas es el lenguaje.

Las palabras llegan despacio. Al principio nos resultan ajenas. Incluso nos hacen sonreír. Después aparecen cada vez con más frecuencia. Un día las repetimos casi sin darnos cuenta y, cuando queremos recordar cuándo empezamos a utilizarlas, ya es demasiado tarde.

Han pasado a formar parte de nosotros.

Quizá por eso aquella conversación con mi nieto decía mucho más de lo que entonces imaginé.

Él no estaba definiendo una bicicleta. Estaba nombrando el mundo en el que estaba creciendo.

Y, casi sin darme cuenta, he terminado haciéndolo igual que él.

Al fin y al cabo, las bicicletas evolucionan.

Las personas también.

Y las palabras... las palabras llevan años pedaleando delante de nosotros.

AlfonsoyAmigos

Y mientras las palabras siguen pedaleando, nosotros seguimos buscando caminos que recorrer juntos.

Para este domingo, la propuesta es de Andrés.

Pasadlo bien. No podré acompañaros.

Alfonso_Calpe 2026

Hora de encuentro: 8,45

Lugar: Calle Menacho - Semi esquina Nacional VI - San Rafael


domingo, 16 de agosto de 2026

La ruta está decidida, aunque el grupo no lo esté

San Rafael – Alto del León – Collado de La Gasca

Estamos en pleno verano y las vacaciones siguen haciendo de las suyas.

Collado de La Gasca

Algunos compañeros están fuera, otros tienen compromisos y, hasta el último momento, resulta difícil saber quién acabará apareciendo el domingo. Pero la propuesta sigue en pie y quienes estamos, estamos. Sin más.

Andrés, Fer, Juan, Rafa, Santi y Alfonso.

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Hemos acudido cuatro eléctricas y dos musculares. Es lógico que, sin darnos cuenta, el grupo se estire más de lo deseado, aunque iremos aprovechando cada cruce para reagruparnos.

Salimos al camino y dejamos que sea la propia ruta la que vaya poniendo las cosas en su sitio.

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No era la ruta que tenía prevista para hoy. Hace apenas un par de semanas tenía otra en cartera, una de esas que sabía que gustaría a quienes acudieran, pero los incendios recientes han cambiado el panorama.

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Algunos caminos han dejado de ser una opción y toca mirar hacia otro lado, buscar otra zona y adaptar los planes a una montaña que, por unos días, nos pide que la recorramos de otra manera.

Para esta ocasión, la propuesta nos trae un trazado que ya hicimos en abril de 2024 y que coincide en gran parte con la ruta que hicieron los compañeros el mes pasado, un día en el que las circunstancias no me permitieron acompañarlos.

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El sábado San Rafael recibió una buena descarga de agua, acompañada incluso de granizo. A quienes les pillara montando en bici, el chubasquero les debió servir de poco. Nosotros tenemos más suerte: temperatura agradable y el polvo de los caminos asentado después de la lluvia.

Y allí estamos.

AlfonsoyAmigos

Frente a una montaña que hoy respira de otra forma

El recorrido hasta tener a la vista las puertas de Campanillas lo hacemos con el piloto automático. Puede que sea uno de los tramos más rodados en la historia de AlfonsoyAmigos.

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Hacía tiempo que no veíamos la fuente de los Aserraderos ofreciendo agua, pero hoy sí. Han realizado obras para encauzarla. ¡Bien hecho!

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Después, la pista forestal, fácil y conocida, nos lleva hasta el desvío hacia el Alto del León. A partir de ahí cambia el escenario hasta coronar el puerto, sin sorprender a ninguno.

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El León sigue postrado en su pedestal, impasible al paso del tiempo, mientras descubre una arruga más en los rostros de quienes volvemos a visitarlo.

La siguiente parada es la fuente de las Hondillas, que a todos nos trae recuerdos de bromas y risas en rutas nocturnas.

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Después llega un descenso con bastante desnivel que ya conocemos, hasta enlazar con la pista forestal que ya no vamos a abandonar. Perdemos muchos metros de desnivel que, más tarde, tendremos que recuperar.

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Tras superar el puente sobre el arroyo de las Chorreras, la pista se inclina ante nosotros y más cuando tenemos que coger un desvío a la derecha que algunos nos pasamos unos metros de largo, entusiasmados con el descenso.

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Nos aguardan repechos de fuerte desnivel que apenas dejan tiempo para recuperar el aliento. Andrés y Santi lo van dando todo… o casi todo, pues saben que todavía queda mucha ruta por delante.

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Algo más de dos kilómetros muy intensos, con un terreno que además se presenta muy roto, hasta alcanzar la pista forestal de Peguerinos al Alto del León.

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Un último empujón hasta el Collado de La Gasca (1.601 m), donde todos nos colocamos con gusto para la foto de grupo.

AlfonsoyAmigos

A partir de ahí tomamos uno de los descensos, tal vez el que más me gusta, hasta el cruce con el arroyo de La Gasca.

AlfonsoyAmigos

Ya queda poco que contar. Más descensos conocidos en los que las piedras y nuestras bicis dialogan como viejos conocidos.

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Y al final, como tantas veces, unas cervezas.


viernes, 14 de agosto de 2026

Unas gafas de cartón

Ayer os contaba cómo viví el eclipse desde Cabeza Reina, pero hoy me he quedado pensando en cómo empezó todo realmente... 

Mi intención era ver el eclipse por televisión. Ni siquiera había comprado las gafas.

Unas horas antes, unos amigos llamaron a mi puerta y, tras los saludos, me preguntaron si tenía gafas para verlo. Durante un instante pensé que necesitaban una de sobra. Fue justo al contrario: les sobraba una y quisieron regalármela.

AlfonsoyAmigos

Acepté sin pensarlo demasiado. Después, ya en casa, con aquellas gafas de cartón entre las manos, comprendí que tenía que salir a verlo. Ya no era solo una retransmisión cómoda desde el sofá; era el empujoncito que necesitaba, una oportunidad inesperada de vivir aquel momento.

Si me hubieran preguntado al día siguiente, no habría podido decir que me había quedado en casa teniendo la posibilidad de contemplarlo con mis propios ojos.

Hoy, pasado el eclipse, aquellas sencillas gafas tienen para mí un valor distinto. A veces los regalos más pequeños son los que terminan convirtiéndose en los recuerdos más valiosos.

Bajo el mismo cielo


jueves, 13 de agosto de 2026

Bajo el mismo cielo

Eclipse total de Sol desde San Rafael

Hay momentos que uno espera por lo que va a suceder sobre nuestras cabezas y termina recordando también por lo que sucede alrededor.

Eclipse

Ayer por la tarde subí hasta el cerro de Cabeza Reina, en San Rafael, para ver el eclipse. Sabía que habría gente, pero me encontré algo mucho más agradable de lo que imaginaba: muchas personas repartidas por la ladera, cada grupo buscando su rincón, todos con un mismo propósito y, sobre todo, con un extraordinario buen talante.

Fue bonito comprobar cómo, en situaciones así, la condición de desconocidos dura muy poco. Sin conocernos de nada, varias personas me ofrecieron tortilla, empanada y bebida. Pequeños gestos que no cambian el mundo, pero que sí cambian la forma de vivir una experiencia.

Poco a poco se fue acercando el instante culminante. Las conversaciones se hicieron más breves, las miradas se dirigieron hacia arriba y una expectación silenciosa comenzó a extenderse por toda la cima. Cada uno observaba a su manera, pero todos compartíamos la misma espera.

Eclipse

Y entonces sucedió.

No fue el gran primer plano que tantas veces vemos en las fotografías o en las retransmisiones con teleobjetivos. A uno siempre le queda la sensación de que le habría gustado verlo más grande, más cercano, más espectacular. Pero la realidad tuvo algo que ninguna imagen puede reproducir: la emoción colectiva.

Cuando la Luna terminó de cubrir el Sol y la luz cambió, la cima estalló unánime en gritos y aplausos. Quienes hasta hacía un rato no nos conocíamos celebrábamos juntos un fenómeno que lleva ocurriendo desde mucho antes de que existiéramos y que seguirá ocurriendo cuando ya no estemos.

Eclipse

Después llegó la calma. Una calma extraña, casi reverencial. Durante unos minutos apenas se escuchaban conversaciones; muchos permanecíamos mirando todavía hacia arriba, como si necesitáramos un poco de tiempo para aceptar que aquello tan esperado acababa de pasar.

Aquel silencio tuvo también algo especial. Era el de quienes han compartido una emoción difícil de explicar y prefieren conservarla unos momentos antes de volver a la rutina.

Mientras regresaba pensé que, al final, el eclipse había sido solo una parte de la experiencia. Lo verdaderamente memorable fue haber compartido aquella espera con tanta gente distinta, bajo el mismo cielo, sintiendo durante unos minutos que todos mirábamos en la misma dirección.

Quizá por eso hoy no recuerdo solo la oscuridad momentánea del Sol. Recuerdo también la generosidad espontánea de unos desconocidos, la expectación contenida de la cima y ese aplauso unánime que surgió cuando la luz cambió y todos comprendimos que habíamos vivido algo irrepetible.

Porque hay espectáculos que se contemplan con los ojos… y otros que se quedan para siempre en la memoria por las personas con las que los vivimos.

AlfonsoyAmigos

Domingo, 16 de Agosto de 2026

El cielo nos hizo detenernos. Ahora, los caminos vuelven a llamarnos.

Hora: 🕣 8,45 

Lugar de inicio: 📍 Paseo Rivera de San Rafael 

 


domingo, 9 de agosto de 2026

No se puede entender nuestra historia sin el Puerto de Pasapán

Cuando esta mañana nos hicimos la fotografía de grupo junto al monolito del Puerto de Pasapán no podíamos imaginar que, apenas unas horas después, la preocupación ya no estaría en los caminos recorridos sino en el incendio iniciado el sábado en el cerro del Caloco.

Puerto de Pasapán

Durante la ruta pasamos muy cerca de Los Ángeles de San Rafael sin percibir nada que hiciera presagiar la gravedad de la situación. Completamos el recorrido con normalidad y terminamos la mañana en La Estación de El Espinar compartiendo unas cervezas, como tantas otras veces, con nuestro compañero Pawel entre nosotros.

AlfonsoyAmigos

Por la tarde supimos que las autoridades habían ordenado el desalojo de todos los vecinos de Los Ángeles de San Rafael, incluida la familia de Pawel, ante la evolución del incendio. Aquella noticia cambió inevitablemente la mirada sobre una jornada que había comenzado como un reencuentro más de AlfonsoyAmigos.

Quizá por eso esta crónica no pueda leerse hoy del mismo modo que en otras ocasiones. Los caminos, las fuentes, las conversaciones y la fotografía de grupo siguen formando parte de nuestra historia compartida, pero esta vez quedan acompañados por la preocupación por un territorio que sentimos muy cercano y por todas las personas afectadas por el fuego.

AlfonsoyAmigos

El Puerto de Pasapán volvió a recibirnos sin sorprenderse de nuestra visita. Allí arriba parecía esperarnos una vez más esa fotografía de grupo que repetimos casi como un pequeño ritual.

AlfonsoyAmigos

Pero antes de llegar hasta allí, tenemos que retroceder hasta el comienzo de la ruta. Poco más de las 8:30 de la mañana, el punto de encuentro empieza a llenarse de bicicletas y saludos habituales. Hoy somos diez: Andrés, Ángel, Enrique, Fer, Juan, Jesús, Pawel, Rafa, Santi y Alfonso.

AlfonsoyAmigos

Fer se ha encargado también de una tarea menos visible pero muy necesaria: tramitar días atrás los permisos que nos permitirán regresar por la Garganta del Río Moros.

AlfonsoyAmigos

Intentamos arrancar a las nueve en punto, pero algo va mal: mi cambio electrónico no funciona. La tecnología siempre eligiendo el peor momento. Manos expertas tocando aquí y allá, pero nada. Afortunadamente, Fer lleva una pila de repuesto y no duda en prestármela.

AlfonsoyAmigos

Después de tantos años de rutas, seguimos buscando caminos nuevos, lugares que descubrir y paisajes que nos sorprendan. Pero quizá la verdadera pregunta sea otra: qué nos sigue empujando a volver a algunos caminos, incluso cuando ya los conocemos de memoria.

AlfonsoyAmigos

Sabemos dónde comienza el cordel por la Cañada Real Soriana Occidental, donde la comitiva suele estirarse buscando su propio ritmo.

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Conocemos el lugar exacto donde hacemos la primera pausa, en la fuente junto al río Milanillos, antes de emprender el largo ascenso por la ladera norte de Pasapán.

AlfonsoyAmigos

Y recordamos que el esfuerzo se verá recompensado con una nueva fuente, al pie del manantial, donde podremos llenar los bidones antes de alcanzar el puerto.

AlfonsoyAmigos

Allá arriba nos espera el monolito y esa foto de grupo que repetimos en cada visita y que, sin embargo, sigue ilusionándonos como si fuera la primera.

Puerto de Pasapán

Quienes llevamos años compartiendo rutas sabemos que hay lugares que terminan convirtiéndose en algo más que un punto del mapa. El Puerto de Pasapán es uno de ellos: aparece una y otra vez en nuestras fotografías, en nuestras conversaciones y en muchos de los recuerdos que han ido dando forma a la historia de AlfonsoyAmigos.

AlfonsoyAmigos

También conocemos el Alto del Casetón, el descenso rápido por el GR, la tierra seca bajo las ruedas, la llegada a la Garganta del Río Moros y el bullicio —hoy menos palpable— de La Panera.

AlfonsoyAmigos

Nada de eso es nuevo. Y, sin embargo, seguimos volviendo.

AlfonsoyAmigos

Tal vez porque, con el paso del tiempo, algunos recorridos dejan de ser simples rutas para convertirse en lugares donde comprobamos que todavía podemos coincidir, pedalear a nuestro ritmo, bromear en las paradas y volver a encontrarnos al final del camino.

AlfonsoyAmigos

Hay caminos que dejan de pertenecer al paisaje y pasan a pertenecer a nuestra historia.

AlfonsoyAmigos

Porque, al final, lo que permanece no es solo la huella de nuestras bicicletas sobre el terreno, sino las conversaciones compartidas, los momentos vividos y la certeza de que, mientras podamos seguir reuniéndonos alrededor de una ruta, todavía queda mucho por recorrer. 

AlfonsoyAmigos

Junto a ese recuerdo queda también nuestro abrazo y todo nuestro ánimo para nuestro amigo Pawel, para su familia y para todos los vecinos de Los Ángeles de San Rafael y de las localidades afectadas por el incendio.

AlfonsoyAmigos

El trazado sigue siendo el mismo; lo que nos sigue llevando hasta él es lo que realmente merece ser contado.