Mismos caminos, distintas miradas
Hay rutas que se recorren una vez y quedan
guardadas en la memoria. Otras te vuelven a llamar y
es difícil resistirse. Hoy regresamos a una de ellas.
En Cerceda nos reunimos Andrés, Ángel,
Enrique, Fer, Jesús, Juan, Luis Ángel, Rafa, Raúl y Alfonso. Algunos llegamos
directamente desde casa; otros hacen una escala técnica en la churrería más
cercana para completar la puesta a punto a base de café, porras y conversación.
A
estas alturas nadie discute la eficacia de ese procedimiento.
Poco después estamos todos junto a las
bicicletas, preparados para otra “vuelta alrededor de La Pedriza”.
Los collados, las pistas, los puentes y los
interminables repechos siguen donde los dejamos. Lo
que cambia es la manera de afrontar el recorrido, especialmente cuando algunos
lo conocemos bien y otros se estrenan. Para
estos últimos, la referencia es la crónica de febrero de 2025 y las
cifras del track: 53 kilómetros y unos 1.200 metros de desnivel.
Sobre el papel parecen cifras razonables. Sobre
la bicicleta, como de costumbre, adquieren otro significado.
Nos ponemos en marcha.
La Cañada Real Segoviana nos recibe con esa
amplitud que invita a conversar mientras cada uno encuentra su ritmo. Pero
pronto descubrimos que el Chaparral de las Viñas ha cambiado. Una
amplia labor de poda y desbroce ha despejado buena parte de la vegetación baja
y ofrece una imagen muy distinta de la que recordábamos.
Las peñas dispersas por la ladera y las vistas
hacia La Pedriza y el embalse de Manzanares siguen invitándonos a detenernos
para hacer las primeras fotografías.
El descenso hacia el río Samburiel por la
Ladera de las Viñas y el Camino de Campuzano nos acerca a las puertas del
Parque Nacional. El terreno todavía parece
amable, pero sabemos que más adelante tocará trabajar. Hoy
venimos a darle la vuelta a La Pedriza y a apechugar con lo que se nos ponga
por delante.
Poco después de alcanzar el Collado de Campuzano (996 m), el grupo se ha estirado. A través del walkie llega un aviso: avería en la bicicleta de Ángel. Nos detenemos mientras los compañeros que vienen detrás intentan solucionar el problema.
Resuelto el contratiempo, seguimos hasta el
monolito de la Puerta de La Pedriza y nos reagrupamos junto al Puente
del Francés, sobre el río Manzanares.
Desde allí, Enrique y Luis Ángel salen a buena
marcha. Pronto desaparecen de nuestra vista y ya no volveremos a encontrarnos
con ellos hasta el cruce de La Nava. Parece
que hoy llevan las piernas especialmente dispuestas a trabajar.
Los demás continuamos a nuestro ritmo. La
pista gana altura, las conversaciones cesan y cada cual se
concentra en mantener una cadencia cómoda. Los
kilómetros empiezan a pesar y las curvas se suceden sin revelar cuánto queda
todavía por subir.
Llegamos al desvío hacia La Nava. Estamos
a 1.574 metros y volvemos a reunirnos con Enrique y Luis Ángel.
Durante unos instantes, más de uno dirige la
mirada hacia la pista que asciende hasta los 1.963 metros. No es
una dificultad desconocida; la hemos subido —y sufrido— unas cuantas veces.
La Nava tendrá que esperar.
Continuamos por la pista de Las Losillas y
pasamos junto al Pino Albar de la Sierra del Francés, catalogado como árbol
singular. Ninguno se detiene. Nos
esperan nuevos repechos.
Llegan unas zetas interminables, esas que
parecen insignificantes en el perfil altimétrico, pero que duelen cuando se
afrontan con tantos kilómetros acumulados en las piernas. Cuando
creemos que la subida está a punto de terminar, siempre aparece otra curva.
Alcanzamos el puente de los Manchegos, sobre
el río Manzanares. Apenas lleva agua y nos llama
la atención la cantidad de grandes piedras que ocupan el cauce. Por
su disposición, parece que algunas pudieran haber sido colocadas para encauzar
el río o frenar la fuerza del agua durante las crecidas. Una
curiosidad más de este recorrido.
Queda apenas un kilómetro para alcanzar el
Collado de los Pastores, pero las piernas ya llevan tiempo protestando. Mi
bicicleta es eléctrica, aunque me empeño en realizar prácticamente toda la ruta
en modo Eco, intentando no perder el ritmo de mis compañeros de bicicletas
musculares. Y eso, después de tantos kilómetros de subida,
también acaba pasando factura.
En ese último tramo decido cambiar el modo de asistencia y me emparejo con Enrique, que, sin saber que he hecho el cambio,
encuentra fuerzas para lanzar un sprint.
Lo siento, Enrique. Acabo
de meter el modo Trail.
Y así, con una pequeña ayuda de última hora,
por fin culminamos.
Collado de los Pastores (1.748 m). Ahora sí.
Llegan las sonrisas, las felicitaciones y las fotografías de rigor. Pero hay algo más que reclama nuestra atención: un grupo de siete u ocho cabras montesas nos observa desde muy cerca, sin mostrar el menor temor.

Durante unos minutos las contemplamos mientras se mueven entre las rocas y trepan con una facilidad que choca bastante con el esfuerzo que acabamos de realizar para llegar hasta aquí.
Después de disfrutar de este encuentro inesperado, toca regresar.
La pista invita a dejarse llevar cuesta abajo,
aunque conviene mantener la atención en las curvas y controlar la velocidad. Mientras
encadeno frenadas, no puedo evitar alegrarme de haber cambiado las pastillas de
freno antes de salir. Es de esas decisiones de las
que solo te acuerdas en bajadas como esta.
Alcanzamos de nuevo las puertas del Parque
Nacional y allí nos espera otra sorpresa.
Gonzalo aparece junto a Jesús y Andrés. Había
llegado tarde al punto de encuentro por la mañana y, lejos de dar la jornada
por perdida, ha ido persiguiendo nuestras ruedas hasta conseguir alcanzarnos.
Así que, aunque empezamos diez, terminamos
siendo once.
Abandonamos el Parque y giramos a la derecha
por el Camino de El Boalo a Manzanares. La
marcha se anima y las conversaciones regresan, hasta que dos cuestas en zona
urbana nos recuerdan que todavía queda algo de esfuerzo por hacer. Después
de tantos kilómetros, se hacen notar. Y mucho.
Superadas esas últimas dificultades,
continuamos por el camino de Los Berrocales. El
cansancio sigue ahí, pero Cerceda está cada vez más cerca y eso ayuda a
encontrar las últimas fuerzas.
En Cerceda termina otra vuelta a La Pedriza. Casi
los mismos kilómetros y los mismos caminos que recorrimos en febrero de 2025,
aunque esta vez con otros compañeros, una avería, un sprint inesperado, unas
cabras montesas y un reencuentro que no estaba previsto.
La ruta ya la conocíamos. La mañana de hoy, no.



































