jueves, 27 de agosto de 2026

Hasta volver a reconocerlo

Cuando un monte se quema, ¿perdemos también una parte de nuestra propia historia?


AlfonsoyAmigos

Hay días en los que cuesta mirar la Sierra. No porque haya dejado de ser hermosa, sino porque duele verla sufrir.

Durante años hemos recorrido esos montes sin preguntarnos cuánto tiempo permanecerían iguales. Los dimos por eternos, como si los senderos, las sombras, los claros y el olor a tierra fueran parte inalterable del paisaje.

Los incendios nos han recordado que no es así.

En apenas unas horas, un lugar conocido puede dejar de parecerse al que guardábamos en la memoria. Y lo que más duele no es solamente la pérdida de árboles o de vegetación. Es saber que allí estaban nuestros caminos, nuestras paradas, nuestras conversaciones y tantos momentos que ya no volverán a tener el mismo escenario.

Porque un paisaje no está hecho solamente de árboles, piedras o caminos. También está hecho de las veces que pasamos por ellos, de las conversaciones mantenidas junto a una fuente, del lugar donde paramos a descansar, de una fotografía tomada al llegar a un collado.

Con el tiempo, todo eso acaba formando parte de nuestra propia historia y, cuando cambia el paisaje, también sentimos que una parte de nosotros queda atrás.

Pero el monte tiene una capacidad admirable para volver a levantarse. Lo hará. Volverá a tener vida, aunque seguirá su propio ritmo, ajeno a nuestras prisas.

Y quizá nosotros también tengamos que aprender a mirar de nuevo.

Hasta entonces, quienes lo hemos vivido seguiremos llevando dentro la imagen de aquellos caminos cuando aún ofrecían sombra, silencio y vida.

Y algún día, cuando volvamos a recorrerlos, quizá empecemos a reconocerlos de nuevo. 

AlfonsoyAmigos

Domingo, 30 de Agosto de 2026

Algunos caminos tienen que esperar, nosotros seguimos buscando otros por los que seguir adelante. No para olvidar los que hoy no podemos recorrer, sino para mantener vivo ese vínculo con la montaña que no queremos perder.

Este domingo volveremos a encontrarnos. Será un nuevo camino, otra historia que guardar. Mientras el monte recupera su propio ritmo, nosotros seguiremos saliendo a su encuentro

Hora: 🕣 8,45 

Lugar de inicio: 📍 Ctra. Robledo 1, Real Sitio de San Ildefonso, Segovia


jueves, 20 de agosto de 2026

La bicicleta que necesitó un apellido

Las palabras también pedalean

AlfonsoyAmigos

Hace unos días, un comentario en una publicación de agosto de 2024 me llevó a releer un texto que hacía mucho tiempo que no visitaba.

Era aquel en el que uno de mis nietos me preguntó, con toda naturalidad:

"¿Qué es una bicicleta muscular, abuelo?"

Recuerdo perfectamente mi sorpresa. Durante toda la vida, una bicicleta había sido simplemente una bicicleta. No necesitaba ningún apellido. Si había que distinguir alguna, era la eléctrica.

Sin embargo, para él ocurría justo lo contrario. Había crecido viendo bicicletas con asistencia al pedaleo y, para diferenciar la otra, la de toda la vida, necesitaba llamarla "muscular".

En aquel momento me hizo gracia la pregunta y escribí sobre ella.

Pero ayer, al releer aquella publicación, descubrí algo que entonces pasó desapercibido para mí.

La expresión ya no me resulta extraña.

Es más, yo mismo la utilizo con absoluta normalidad cuando hablo con los compañeros o escribo sobre bicicletas.

No ha cambiado la bicicleta.

Ha cambiado mi manera de nombrarla.

Y eso me hizo pensar.

A menudo creemos que el paso del tiempo se mide por las arrugas, por las canas o por los años que vamos cumpliendo. Sin embargo, también deja pequeñas huellas mucho más discretas.

Una de ellas es el lenguaje.

Las palabras llegan despacio. Al principio nos resultan ajenas. Incluso nos hacen sonreír. Después aparecen cada vez con más frecuencia. Un día las repetimos casi sin darnos cuenta y, cuando queremos recordar cuándo empezamos a utilizarlas, ya es demasiado tarde.

Han pasado a formar parte de nosotros.

Quizá por eso aquella conversación con mi nieto decía mucho más de lo que entonces imaginé.

Él no estaba definiendo una bicicleta. Estaba nombrando el mundo en el que estaba creciendo.

Y, casi sin darme cuenta, he terminado haciéndolo igual que él.

Al fin y al cabo, las bicicletas evolucionan.

Las personas también.

Y las palabras... las palabras llevan años pedaleando delante de nosotros.

AlfonsoyAmigos

Y mientras las palabras siguen pedaleando, nosotros seguimos buscando caminos que recorrer juntos.

Para este domingo, la propuesta es de Andrés.

Pasadlo bien. No podré acompañaros.

Alfonso_Calpe 2026

Hora de encuentro: 8,45

Lugar: Calle Menacho - Semi esquina Nacional VI - San Rafael


domingo, 16 de agosto de 2026

La ruta está decidida, aunque el grupo no lo esté

San Rafael – Alto del León – Collado de La Gasca

Estamos en pleno verano y las vacaciones siguen haciendo de las suyas.

Collado de La Gasca

Algunos compañeros están fuera, otros tienen compromisos y, hasta el último momento, resulta difícil saber quién acabará apareciendo el domingo. Pero la propuesta sigue en pie y quienes estamos, estamos. Sin más.

Andrés, Fer, Juan, Rafa, Santi y Alfonso.

AlfonsoyAmigos

Hemos acudido cuatro eléctricas y dos musculares. Es lógico que, sin darnos cuenta, el grupo se estire más de lo deseado, aunque iremos aprovechando cada cruce para reagruparnos.

Salimos al camino y dejamos que sea la propia ruta la que vaya poniendo las cosas en su sitio.

AlfonsoyAmigos

No era la ruta que tenía prevista para hoy. Hace apenas un par de semanas tenía otra en cartera, una de esas que sabía que gustaría a quienes acudieran, pero los incendios recientes han cambiado el panorama.

AlfonsoyAmigos

Algunos caminos han dejado de ser una opción y toca mirar hacia otro lado, buscar otra zona y adaptar los planes a una montaña que, por unos días, nos pide que la recorramos de otra manera.

Para esta ocasión, la propuesta nos trae un trazado que ya hicimos en abril de 2024 y que coincide en gran parte con la ruta que hicieron los compañeros el mes pasado, un día en el que las circunstancias no me permitieron acompañarlos.

AlfonsoyAmigos

El sábado San Rafael recibió una buena descarga de agua, acompañada incluso de granizo. A quienes les pillara montando en bici, el chubasquero les debió servir de poco. Nosotros tenemos más suerte: temperatura agradable y el polvo de los caminos asentado después de la lluvia.

Y allí estamos.

AlfonsoyAmigos

Frente a una montaña que hoy respira de otra forma

El recorrido hasta tener a la vista las puertas de Campanillas lo hacemos con el piloto automático. Puede que sea uno de los tramos más rodados en la historia de AlfonsoyAmigos.

AlfonsoyAmigos

Hacía tiempo que no veíamos la fuente de los Aserraderos ofreciendo agua, pero hoy sí. Han realizado obras para encauzarla. ¡Bien hecho!

AlfonsoyAmigos

Después, la pista forestal, fácil y conocida, nos lleva hasta el desvío hacia el Alto del León. A partir de ahí cambia el escenario hasta coronar el puerto, sin sorprender a ninguno.

AlfonsoyAmigos

El León sigue postrado en su pedestal, impasible al paso del tiempo, mientras descubre una arruga más en los rostros de quienes volvemos a visitarlo.

La siguiente parada es la fuente de las Hondillas, que a todos nos trae recuerdos de bromas y risas en rutas nocturnas.

AlfonsoyAmigos

Después llega un descenso con bastante desnivel que ya conocemos, hasta enlazar con la pista forestal que ya no vamos a abandonar. Perdemos muchos metros de desnivel que, más tarde, tendremos que recuperar.

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Tras superar el puente sobre el arroyo de las Chorreras, la pista se inclina ante nosotros y más cuando tenemos que coger un desvío a la derecha que algunos nos pasamos unos metros de largo, entusiasmados con el descenso.

AlfonsoyAmigos

Nos aguardan repechos de fuerte desnivel que apenas dejan tiempo para recuperar el aliento. Andrés y Santi lo van dando todo… o casi todo, pues saben que todavía queda mucha ruta por delante.

AlfonsoyAmigos

Algo más de dos kilómetros muy intensos, con un terreno que además se presenta muy roto, hasta alcanzar la pista forestal de Peguerinos al Alto del León.

AlfonsoyAmigos

Un último empujón hasta el Collado de La Gasca (1.601 m), donde todos nos colocamos con gusto para la foto de grupo.

AlfonsoyAmigos

A partir de ahí tomamos uno de los descensos, tal vez el que más me gusta, hasta el cruce con el arroyo de La Gasca.

AlfonsoyAmigos

Ya queda poco que contar. Más descensos conocidos en los que las piedras y nuestras bicis dialogan como viejos conocidos.

AlfonsoyAmigos

Y al final, como tantas veces, unas cervezas.


viernes, 14 de agosto de 2026

Unas gafas de cartón

Ayer os contaba cómo viví el eclipse desde Cabeza Reina, pero hoy me he quedado pensando en cómo empezó todo realmente... 

Mi intención era ver el eclipse por televisión. Ni siquiera había comprado las gafas.

Unas horas antes, unos amigos llamaron a mi puerta y, tras los saludos, me preguntaron si tenía gafas para verlo. Durante un instante pensé que necesitaban una de sobra. Fue justo al contrario: les sobraba una y quisieron regalármela.

AlfonsoyAmigos

Acepté sin pensarlo demasiado. Después, ya en casa, con aquellas gafas de cartón entre las manos, comprendí que tenía que salir a verlo. Ya no era solo una retransmisión cómoda desde el sofá; era el empujoncito que necesitaba, una oportunidad inesperada de vivir aquel momento.

Si me hubieran preguntado al día siguiente, no habría podido decir que me había quedado en casa teniendo la posibilidad de contemplarlo con mis propios ojos.

Hoy, pasado el eclipse, aquellas sencillas gafas tienen para mí un valor distinto. A veces los regalos más pequeños son los que terminan convirtiéndose en los recuerdos más valiosos.

Bajo el mismo cielo


jueves, 13 de agosto de 2026

Bajo el mismo cielo

Eclipse total de Sol desde San Rafael

Hay momentos que uno espera por lo que va a suceder sobre nuestras cabezas y termina recordando también por lo que sucede alrededor.

Eclipse

Ayer por la tarde subí hasta el cerro de Cabeza Reina, en San Rafael, para ver el eclipse. Sabía que habría gente, pero me encontré algo mucho más agradable de lo que imaginaba: muchas personas repartidas por la ladera, cada grupo buscando su rincón, todos con un mismo propósito y, sobre todo, con un extraordinario buen talante.

Fue bonito comprobar cómo, en situaciones así, la condición de desconocidos dura muy poco. Sin conocernos de nada, varias personas me ofrecieron tortilla, empanada y bebida. Pequeños gestos que no cambian el mundo, pero que sí cambian la forma de vivir una experiencia.

Poco a poco se fue acercando el instante culminante. Las conversaciones se hicieron más breves, las miradas se dirigieron hacia arriba y una expectación silenciosa comenzó a extenderse por toda la cima. Cada uno observaba a su manera, pero todos compartíamos la misma espera.

Eclipse

Y entonces sucedió.

No fue el gran primer plano que tantas veces vemos en las fotografías o en las retransmisiones con teleobjetivos. A uno siempre le queda la sensación de que le habría gustado verlo más grande, más cercano, más espectacular. Pero la realidad tuvo algo que ninguna imagen puede reproducir: la emoción colectiva.

Cuando la Luna terminó de cubrir el Sol y la luz cambió, la cima estalló unánime en gritos y aplausos. Quienes hasta hacía un rato no nos conocíamos celebrábamos juntos un fenómeno que lleva ocurriendo desde mucho antes de que existiéramos y que seguirá ocurriendo cuando ya no estemos.

Eclipse

Después llegó la calma. Una calma extraña, casi reverencial. Durante unos minutos apenas se escuchaban conversaciones; muchos permanecíamos mirando todavía hacia arriba, como si necesitáramos un poco de tiempo para aceptar que aquello tan esperado acababa de pasar.

Aquel silencio tuvo también algo especial. Era el de quienes han compartido una emoción difícil de explicar y prefieren conservarla unos momentos antes de volver a la rutina.

Mientras regresaba pensé que, al final, el eclipse había sido solo una parte de la experiencia. Lo verdaderamente memorable fue haber compartido aquella espera con tanta gente distinta, bajo el mismo cielo, sintiendo durante unos minutos que todos mirábamos en la misma dirección.

Quizá por eso hoy no recuerdo solo la oscuridad momentánea del Sol. Recuerdo también la generosidad espontánea de unos desconocidos, la expectación contenida de la cima y ese aplauso unánime que surgió cuando la luz cambió y todos comprendimos que habíamos vivido algo irrepetible.

Porque hay espectáculos que se contemplan con los ojos… y otros que se quedan para siempre en la memoria por las personas con las que los vivimos.

AlfonsoyAmigos

Domingo, 16 de Agosto de 2026

El cielo nos hizo detenernos. Ahora, los caminos vuelven a llamarnos.

Hora: 🕣 8,45 

Lugar de inicio: 📍 Paseo Rivera de San Rafael