Hay noticias que uno escucha con preocupación,
y otras que, sin esperarlo, calan un poco más hondo.
Estos días los incendios han vuelto a ocupar
los informativos. Bosques devorados por las
llamas, carreteras cortadas, vecinos desalojados y un paisaje que cambia en
cuestión de horas.
Muchos de esos lugares nos resultan conocidos
porque hemos pedaleado por ellos alguna vez. Son
caminos que forman parte de nuestras rutas y también de nuestros recuerdos.
Pero entre todos esos nombres hubo uno que me
hizo detenerme un instante: Fresnedillas de la Oliva.
No era un pueblo más en la lista de los
amenazados. Allí nació mi abuelo paterno, Cleto
Fernández Álvarez. Bastó escuchar el nombre del
pueblo para mirar aquellas imágenes de otra manera.
He perdido la cuenta de las veces que AlfonsoyAmigos
ha atravesado sus calles o ha pasado junto a sus campos. Y
también de las ocasiones en que, al escribir la crónica, he terminado
recordando que aquel era el pueblo donde nació mi abuelo. Supongo
que algún lector habrá pensado que repetía siempre la misma historia.
Hoy me doy cuenta de que no era una repetición.
Era
una manera de mantener vivo un vínculo.
Hay lugares que conocemos por su
belleza. Otros, porque forman parte habitual de
nuestras rutas. Y hay algunos que sentimos
cercanos incluso antes de visitarlos; no por lo que vemos en ellos, sino por
quienes vivieron allí antes que nosotros.
Los
caminos unen pueblos, pero también unen generaciones.
Quizá por eso nunca me ha parecido suficiente
atravesar un lugar y seguir pedaleando sin más. Me
gusta saber qué ocurrió allí, quién lo habitó, qué historias guardan sus calles
o qué recuerdos despierta. Un paisaje cambia cuando deja
de ser únicamente geografía para convertirse también en memoria.
Los incendios destruyen árboles, matorrales y
montes que tardarán años en recuperarse. Ojalá
la naturaleza vuelva a cubrir de verde esas laderas. Pero
mientras contemplaba las imágenes de Fresnedillas de la Oliva, pensé que
también existe otro paisaje que merece ser cuidado: el de la memoria.
Los pueblos no solo guardan iglesias, plazas,
piedras o caminos. También conservan las huellas
de quienes nos precedieron.
Y mientras alguien mantenga viva su memoria, siempre habrá un motivo para volver a pasar por allí, aunque solo sea pedaleando entre recuerdos.
Domingo, 2 de Agosto de 2026
La memoria nos invita a detenernos y mirar
atrás de vez en cuando, pero los caminos siguen ahí, esperándonos para
continuar pedaleando juntos.
Después de esta pequeña pausa entre recuerdos, toca volver a la Sierra. Aunque el calor regresa, buscaremos la sombra de los pinares, el murmullo de los arroyos y el frescor de las fuentes para seguir compartiendo ruta un domingo más.
Hora de encuentro: 🕣 8,45
Lugar de encuentro:📍Aparcamiento Embalse Pontón Alto