Cuando la montaña habla
He estado releyendo algo que escribí hace cinco años. Por aquel entonces, me encendía defendiendo nuestro derecho a rodar por el monte como quien saca las uñas por un hijo.
Me reconozco en ese Alfonso batallador, pero hoy, con la perspectiva que me permite la edad, noto que mis piernas han perdido algo de chispa; mi mirada, en cambio, ha ganado en calma.
Aquella vez decía que "hablando se entiende la gente".
Y es verdad. Pero
estos días, siguiendo las noticias y viendo cómo las borrascas castigaban
nuestra sierra, he vuelto a comprender que la montaña y la naturaleza tienen su
propio lenguaje, incluso cuando no podemos estar allí para escucharlo de cerca.
Estamos viviendo un respiro desde la semana
pasada, una tregua que aceptamos sin rencor, animándonos a disfrutar de cada
kilómetro antes de que los nubarrones vuelvan a cerrarse sobre nosotros. Ya
nos avisan: la mejoría será efímera.
He visto imágenes de pinos centenarios
arrancados de cuajo, ríos recuperando lo que fue suyo, embalses a punto de
desbordarse y caminos que hoy son simples cicatrices de lodo.
A veces nos enredamos en discusiones sobre
quién tiene más derecho a pisar este suelo, si el de las botas o el de las
ruedas. Y de
pronto llega la naturaleza, nos da un revolcón —aunque la observemos desde la
distancia— y nos recuerda quién decide realmente. No
somos los dueños del monte; somos, con suerte, sus invitados.
Mañana, mientras el barro se asienta un poco
más y los montes reverdecen, seguiremos saliendo. Seremos
nosotros, los de siempre, los que avisemos de un desprendimiento o apartemos
esas ramas que cortan el paso. No por reclamar privilegio
alguno, sino por puro respeto.
Al final, los que amamos la sierra sabemos que
da igual quién tiene la razón si el camino desaparece. Hablando
se entiende la gente, sí; pero es el respeto por el terreno que pisamos lo que
de verdad nos hace compañeros de ruta.
Domingo, 1 de Marzo de 2026
Por eso, con ese respeto aprendido, volvemos a mirar hacia adelante. Ya estamos en paz con Valdemorillo, pero nos queda una cuenta pendiente. La última vez, la ruta hasta el embalse de La Maliciosa se quedó a medias y tuvimos que regresar. Y, para ser justos, no fue por culpa del tiempo.
Este domingo volvemos a por ella, por un camino diferente, pero con las fuerzas renovadas y el mismo espíritu de siempre. Nos vemos en el camino.
Hora de encuentro: 🕣 8,45
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