domingo, 26 de abril de 2026

La aventura de Trillo

Trillo, nuestro destino de hoy, se hizo esperar, pero finalmente pudimos realizar esta ruta tantas veces comentada y propuesta en los últimos meses.

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Nuestro punto de inicio fue el pequeño pueblo alcarreño de Chillarón del Rey, en Guadalajara. Allí nos reunimos Andrés, Enrique, Fernando, Jesús, Juan, Lourdes, Miguel Ángel, Nacho, Patrick, Raúl, Santi y Luis Ángel. 

 




Crónica: Luis Ángel  
Tuvimos un inconveniente inicial: Santi había olvidado el pasador de su rueda trasera en El Espinar. Cuando todo parecía perdido para él, un vecino del pueblo le dejó el de una de sus bicicletas para que pudiera hacer la ruta con nosotros. Increíble, pero cierto.

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La mañana era más fresca de lo previsto, y los primeros seis kilómetros transcurrieron por carretera hasta enlazar con la senda o pista forestal que ya nos llevaría, sin interrupción, hasta Trillo.

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Todos sabíamos que sería una ruta sin grandes desniveles ni subidas importantes, pero con muchos kilómetros que, a la larga, podían pasar factura.

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Esta pista recorre toda la ribera del río Tajo, lo que nos permitió ir contemplando sus meandros y grandes herraduras que, gracias a las lluvias de este invierno, presentaban un estado esplendoroso.

Los colores del agua en sus remansos ofrecían tonos que todos comentamos, como si pertenecieran a otras latitudes muy alejadas de Guadalajara.

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El grupo se fue fragmentando en diferentes unidades, provocado sobre todo por las ganas de algunos de detenerse a hacer fotos y contemplar con más calma la naturaleza descrita.

El trazado no ofrecía mayores complicaciones, salvo algunas rampas importantes al inicio y al final del recorrido, aunque de escasa longitud.

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Con un ritmo constante fuimos llegando a Trillo. Antes de entrar en el pueblo, pudimos comprobar cómo se entremezclaban las imágenes de una naturaleza magnífica con los reactores de la central nuclear de Trillo, una convivencia que resulta, cuando menos, una curiosa contradicción entre bosque, río y la evolución energética de nuestro tiempo.

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Ya en el pueblo, hicimos una parada para tomar algo en una terraza situada en un entorno muy característico, con cascadas y zonas pintorescas en pleno centro urbano. El entorno, dominado por el sonido del agua, le daba al descanso un ambiente casi inesperado.

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A esas horas, el calor, sin ser sofocante, ya hacía que la temperatura fuese notable.

La vuelta fue más rápida. Era una ruta de ida y vuelta, no circular. De nuevo, hubo diferentes grupos: algunos imprimieron más ritmo a la vuelta y otros prefirieron seguir disfrutando del paisaje del río en su curso hacia el embalse de Entrepeñas.

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Aunque las fotografías son magníficas, siempre ocurre que no hacen justicia a las maravillas del paisaje contemplado. Aun así, sirven como testimonio de una ruta especial. Son solo una parte, nunca el todo, de lo vivido sobre el terreno.

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Ya en el tramo final, algunos comprobaron que, aunque la ruta no puede calificarse de dura, esos 68–70 kilómetros y 800 metros de desnivel dejaron huella en las piernas, agravado por el calor ya intenso de mediodía.

Finalmente llegamos de nuevo a Chillarón, por carretera también, como al inicio, lo que contribuyó a ese desgaste acumulado.

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Y como siempre en este tipo de jornadas largas, quedaba una de las partes más importantes: compartir mesa entre todos. Ambiente inmejorable para una ruta que se hizo esperar mucho tiempo, pero que, sin duda, superó las expectativas. El cansancio se diluía en la conversación y en la sensación compartida de haber vivido un buen día de bici.

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Como broche final, de camino a Madrid y El Espinar, los que no teníamos prisa por el regreso pudimos acercarnos al mirador del Olivar para contemplar las vistas del embalse de Entrepeñas, pantano que recoge las aguas del río Tajo y que durante toda la mañana habíamos recorrido en ambos sentidos.

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Cobran especial importancia estos desplazamientos: es cierto que son largos, con muchos kilómetros y despertares muy tempranos, pero a la postre dejan un recuerdo magnífico e imperecedero de lo que es nuestro grupo, de los lugares que visitamos y de nuestras señas de identidad: amistad, naturaleza y bici.

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3 comentarios:

  1. Espectacular ruta a la cual ni las fotos ni la cronica hacen justicia! Un contraste de colores durante toda la ruta que te obligan a parar y hacer fotos! Ademas de disfrutar del monumento natural de las Tetas de Viana y de las Cascadas de Trillo!
    Gracias por la organización y la logistica por hacernos descubrir estos entornos... a dos pasos de Madrid!
    Un abrazo

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  2. Enhorabuena por la crónica Luis Ángel.
    Vaya suerte tuvo Santi que le dejaran una bici.
    Un abrazo.
    Salud y pedales.
    Santa

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    Respuestas
    1. Bici, NOOOOO. Le dejaron un pasador compatible.

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