domingo, 7 de junio de 2026

Entre el Alto del León y la Fuenfría: una ruta por caminos conocidos

Hemos quedado en el Paseo Rivera de San Rafael. Allí sigue el monumento a Rafael Alberti, con la placa de homenaje dándonos la espalda, a pesar de que ha sido testigo de nuestros encuentros desde los primeros tiempos de AlfonsoyAmigos.

AlfonsoyAmigos

Mientras nosotros cambiábamos de bicicletas, de rutas y hasta de preocupaciones, él permanecía allí, ajeno a todo, acompañando el inicio de tantas mañanas. Quizá por eso apenas reparamos ya en su presencia. Forma parte del paisaje, como los pinos que bordean el paseo o la silueta de Cabeza Reina al fondo.

AlfonsoyAmigos

La ruta de hoy tampoco es nueva. Sus caminos están grabados en la memoria del grupo desde hace años. Los hemos recorrido en todas las estaciones, con frío y con calor, entre conversaciones interminables o envueltos en ese silencio que a veces acompaña las primeras pedaladas.

AlfonsoyAmigos

Cada cruce, cada subida, guarda recuerdos de otros domingos que regresan sin necesidad de ser llamados.

Pero los caminos tienen esa manera peculiar de permanecer. Son los mismos y no lo son. Reconocemos las curvas, las fuentes, los pinares y las sendas, pero cada regreso añade una mirada distinta. Quizá porque el tiempo también deja su huella en quienes vuelven a recorrerlos.

AlfonsoyAmigos

Con ese pensamiento preparamos las bicicletas los que hemos acudido: Juan, Raúl y Alfonso. Poco importa cuántos seamos finalmente. Hay rutas que nunca han necesitado grandes números para justificar su presencia en el calendario. Basta con el deseo de volver a rodar por lugares que, de algún modo, también forman parte de nuestra propia historia.

AlfonsoyAmigos

Dejamos atrás el Paseo Rivera y el asfalto pronto cede el paso a la tierra. El camino nos sale al encuentro como un viejo saludo.

Las primeras rampas nos obligan a encontrar el ritmo desde el principio. La subida hacia el Alto del León no admite demasiadas distracciones, aunque el paisaje siempre encuentra la forma de reclamar una mirada.

AlfonsoyAmigos
AlfonsoyAmigos

Como ya ocurrió hace unas semanas, es Raúl, nuestro único representante de las bicicletas musculares, quien marca el paso de la jornada. Más de una vez Juan y yo tendremos que esforzarnos para volver a darle alcance.

AlfonsoyAmigos

El Camino de los Lomitos nos recibe después con esa mezcla de sombra, pinar y recuerdos que acompaña siempre a los lugares conocidos.

AlfonsoyAmigos

Con el embalse de los Irrios a la vista, nos detenemos un instante para una fotografía. El nivel del agua vuelve a llamar la atención por lo escaso. Una imagen que contrasta con el recuerdo de otros años y otras primaveras.

AlfonsoyAmigos

La mañana avanza tranquila mientras alcanzamos la Fuente de la Peñota. No hay necesidad de hablar continuamente. Algunos caminos admiten también el silencio y permiten que cada uno pedalee acompañado por sus propios pensamientos.

AlfonsoyAmigos
A lo largo de la mañana nos esperan varias fuentes, todas ellas con algo que nunca debería faltar en una ruta serrana: agua. La Peñota, la Piñuela, Antón Ruiz y la fuente del Infante nos irán recibiendo con caudal abundante y agua fresca. No necesitamos más.

AlfonsoyAmigos

Comenzamos después el descenso por el Camino de la Solana. Allí nos encontramos con grupo de quince o veinte jinetes que ocupa buena parte del camino. Reducimos la velocidad al mínimo y esperamos el momento adecuado para adelantarles.

AlfonsoyAmigos

Todo transcurre con naturalidad, sin prisas y con respeto mutuo. Durante unos minutos compartimos el mismo espacio ciclistas y caballos, cada uno adaptándose al ritmo del otro.

AlfonsoyAmigos

La ruta vuelve a ganar altura por la zona de los Campamentos en dirección al Hospital de la Fuenfría y al viejo refugio/residencia de Peñalara.

AlfonsoyAmigos

Es en este tramo donde volvemos a coincidir varias veces con un mismo ciclista al que ya habíamos adelantado en ocasiones anteriores. Avanza con esfuerzo evidente, balanceando la bicicleta al ritmo de la respiración, pero manteniendo su empeño en seguir ascendiendo.

AlfonsoyAmigos

En un momento determinado, un vehículo de la guardería forestal le da alcance, llegando a utilizar la bocina para solicitar paso. La reacción del ciclista es inmediata y visiblemente molesta.

AlfonsoyAmigos

Lo que parecía una situación menor deriva en un tenso intercambio de gestos y palabras. Apenas dura unos minutos, pero deja tras de sí una sensación extraña en un entorno donde casi todos acudimos buscando precisamente lo contrario.

AlfonsoyAmigos

Nosotros continuamos nuestro camino hacia el Puerto de la Fuenfría. No es una ruta para descubrir lugares nuevos. Quizá por eso permite prestar más atención a otras cosas: a los recuerdos que regresan cuando uno vuelve a recorrer senderos tantas veces transitados.

AlfonsoyAmigos
AlfonsoyAmigos

Raúl pedalea con la confianza de quien conoce bien sus fuerzas y sabe dosificarlas. Juan alterna las conversaciones con largos silencios, con el motor apagado, atento al camino y al paisaje.

AlfonsoyAmigos

Yo me limito a acompañar el ritmo de la mañana, disfrutando de esos lugares de siempre…, aunque sin perder de vista ese porcentaje que me avisa de lo que me resta de batería.

Yo lo taparía con esparadrapo —me dice Raúl sonriendo.

AlfonsoyAmigos

Hacemos una parada en el Mirador de la Reina; no podía ser de otra forma. Desde allí, el valle se extiende bajo nosotros con esa amplitud que siempre invita a demorarse unos minutos. El descanso resulta suficiente para que, en esta ocasión, crucemos el puerto de la Fuenfría sin detenernos.

AlfonsoyAmigos

En la fuente del Infante hacemos la última parada de la mañana. En el collado de Marichiva apenas nos detenemos el tiempo justo para cruzar la puerta que nos devuelve a tierras segovianas.

AlfonsoyAmigos

La ruta termina devolviéndonos a San Rafael después de atravesar algunos de esos lugares que forman parte de nuestra historia colectiva: el Alto del León, la Fuenfría, Marichiva y, por supuesto, la Garganta del Río Moros.

Nombres conocidos que siguen apareciendo en nuestras salidas como viejos compañeros de viaje.

Los caminos permanecen. Somos nosotros quienes volvemos a ellos siendo, cada vez, un poco distintos.


1 comentario:

  1. Una ruta mil veces repetida y mil veces deseada. Una mañana con una luminosidad especial, al igual que la compañía. Para una muestra las fotos, mas bien fotones. Se ha echado de menos a los amigos fieles. Pero esta circunstancia ha convertido la ruta en algo especial e intimo. Gracias por seguir manteniendo el espíritu que nos ayuda a seguir ruta tras ruta, aunque temporalmente no nos acompañen los amigos habituales e incondicionales que están preparando otros retos.

    ResponderEliminar

Gracias por dejar vuestros mensajes.
Son importantes para nosotros.