Memoria, fotografías y caminos compartidos
Hay días en los que uno escribe pensando
únicamente en el presente. En la ruta del domingo. En la
fotografía recién tomada. En la subida que todavía pesa
en las piernas o en la conversación que ha acompañado los últimos kilómetros.
Se escribe para contar lo vivido y se publica
sin imaginar demasiado qué ocurrirá después.
Sin embargo, el tiempo tiene costumbres
extrañas.
A veces, muchos años más tarde, reaparece una
fotografía que creíamos olvidada. Una
crónica vuelve a ser leída por alguien que busca un camino. Una
imagen tomada casi sin detenernos encuentra una segunda vida en la pantalla de
un desconocido. Entonces comprendemos que los
caminos no terminan siempre donde creemos.
La bicicleta deja huellas invisibles. También
las palabras.
Mientras pedaleamos, pensamos que avanzamos. Y es
cierto. Pero
una parte de nosotros va quedando atrás, repartida entre senderos, miradores,
fuentes y cruces de caminos, entre páginas escritas deprisa una noche
cualquiera, entre fotografías que capturaron una luz irrepetible sin saber que
lo hacían.
Con los años, uno descubre que la memoria no
es un lugar: es una suma de pequeños rastros. Algunos
desaparecen con la lluvia. Otros permanecen.
Seguimos saliendo. Seguimos
fotografiando. Seguimos escribiendo. No
para conservar el tiempo, que siempre acaba escapándose, sino para dejar
constancia de que estuvimos aquí. De
que una mañana cualquiera, en algún rincón de la sierra, hubo un grupo de
amigos, unas bicicletas y un motivo para reunirse que mereció ser compartido.
Este domingo volvemos a encontrarnos en uno de
esos caminos. En esta ocasión, la ruta estará ligada a una
celebración ya prevista entre nosotros. La
ocasión nos invita a rodar juntos y a detenernos un poco más de lo habitual al
final del recorrido.
Porque los caminos pasan. Pero
algo de nosotros queda en ellos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por dejar vuestros mensajes.
Son importantes para nosotros.