Cuando esta mañana nos hicimos la fotografía de grupo junto al monolito del Puerto de Pasapán no podíamos imaginar que, apenas unas horas después, la preocupación ya no estaría en los caminos recorridos sino en el incendio iniciado el sábado en el cerro del Caloco.
Durante la ruta pasamos muy cerca de Los Ángeles de San Rafael sin percibir nada que hiciera presagiar la gravedad de la situación. Completamos el recorrido con normalidad y terminamos la mañana en La Estación de El Espinar compartiendo unas cervezas, como tantas otras veces, con nuestro compañero Pawel entre nosotros.
Por la tarde supimos que las autoridades
habían ordenado el desalojo de todos los vecinos de Los Ángeles de San Rafael,
incluida la familia de Pawel, ante la evolución del incendio. Aquella
noticia cambió inevitablemente la mirada sobre una jornada que había comenzado
como un reencuentro más de AlfonsoyAmigos.
Quizá por eso esta crónica no pueda leerse hoy
del mismo modo que en otras ocasiones. Los
caminos, las fuentes, las conversaciones y la fotografía de grupo siguen
formando parte de nuestra historia compartida, pero esta vez quedan acompañados
por la preocupación por un territorio que sentimos muy cercano y por todas las
personas afectadas por el fuego.
El Puerto de Pasapán volvió a recibirnos sin
sorprenderse de nuestra visita. Allí
arriba parecía esperarnos una vez más esa fotografía de grupo que repetimos
casi como un pequeño ritual.
Pero antes de llegar hasta allí, tenemos que retroceder
hasta el comienzo de la ruta. Poco más de las 8:30 de la
mañana, el punto de encuentro empieza a llenarse de bicicletas y saludos
habituales. Hoy somos diez: Andrés, Ángel, Enrique, Fer,
Juan, Jesús, Pawel, Rafa, Santi y Alfonso.
Fer se ha encargado también de una tarea menos
visible pero muy necesaria: tramitar días atrás los permisos que nos permitirán
regresar por la Garganta del Río Moros.
Intentamos arrancar a las nueve en punto, pero
algo va mal: mi cambio electrónico no funciona. La
tecnología siempre eligiendo el peor momento. Manos
expertas tocando aquí y allá, pero nada. Afortunadamente,
Fer lleva una pila de repuesto y no duda en prestármela.
Después de tantos años de rutas, seguimos
buscando caminos nuevos, lugares que descubrir y paisajes que nos sorprendan. Pero
quizá la verdadera pregunta sea otra: qué nos sigue empujando a volver a
algunos caminos, incluso cuando ya los conocemos de memoria.
Sabemos dónde comienza el cordel por la Cañada
Real Soriana Occidental, donde la comitiva suele estirarse buscando su propio
ritmo.
Conocemos el lugar exacto donde hacemos la
primera pausa, en la fuente junto al río Milanillos, antes de emprender el
largo ascenso por la ladera norte de Pasapán.
Y recordamos que el esfuerzo se verá
recompensado con una nueva fuente, al pie del manantial, donde podremos llenar
los bidones antes de alcanzar el puerto.
Allá arriba nos espera el monolito y esa foto
de grupo que repetimos en cada visita y que, sin embargo, sigue ilusionándonos
como si fuera la primera.
Quienes llevamos años compartiendo rutas
sabemos que hay lugares que terminan convirtiéndose en algo más que un punto
del mapa. El Puerto de Pasapán es uno de ellos: aparece
una y otra vez en nuestras fotografías, en nuestras conversaciones y en muchos
de los recuerdos que han ido dando forma a la historia de AlfonsoyAmigos.
También conocemos el Alto del Casetón, el
descenso rápido por el GR, la tierra seca bajo las ruedas, la llegada a la
Garganta del Río Moros y el bullicio —hoy menos palpable— de La Panera.
Nada de eso es nuevo. Y,
sin embargo, seguimos volviendo.
Tal vez porque, con el paso del tiempo,
algunos recorridos dejan de ser simples rutas para convertirse en lugares donde
comprobamos que todavía podemos coincidir, pedalear a nuestro ritmo, bromear en
las paradas y volver a encontrarnos al final del camino.
Hay caminos que dejan de pertenecer al paisaje
y pasan a pertenecer a nuestra historia.
Porque, al final, lo que permanece no es solo la huella de nuestras bicicletas sobre el terreno, sino las conversaciones compartidas, los momentos vividos y la certeza de que, mientras podamos seguir reuniéndonos alrededor de una ruta, todavía queda mucho por recorrer.
Junto a ese recuerdo queda también nuestro
abrazo y todo nuestro ánimo para nuestro amigo Pawel, para su familia y para
todos los vecinos de Los Ángeles de San Rafael y de las localidades afectadas
por el incendio.
El trazado sigue siendo el mismo; lo que nos sigue llevando hasta él es lo que realmente merece ser contado.
Muchas gracias a todos por vuestra preocupación y por ofrecer vuestra ayuda en todo momento. A parte de ser grandes compañeros de ruta también sois grandes amigos!!! Un beso abrazo a todos 😘
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