domingo, 9 de agosto de 2026

No se puede entender nuestra historia sin el Puerto de Pasapán

Cuando esta mañana nos hicimos la fotografía de grupo junto al monolito del Puerto de Pasapán no podíamos imaginar que, apenas unas horas después, la preocupación ya no estaría en los caminos recorridos sino en el incendio iniciado el sábado en el cerro del Caloco.

Puerto de Pasapán

Durante la ruta pasamos muy cerca de Los Ángeles de San Rafael sin percibir nada que hiciera presagiar la gravedad de la situación. Completamos el recorrido con normalidad y terminamos la mañana en La Estación de El Espinar compartiendo unas cervezas, como tantas otras veces, con nuestro compañero Pawel entre nosotros.

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Por la tarde supimos que las autoridades habían ordenado el desalojo de todos los vecinos de Los Ángeles de San Rafael, incluida la familia de Pawel, ante la evolución del incendio. Aquella noticia cambió inevitablemente la mirada sobre una jornada que había comenzado como un reencuentro más de AlfonsoyAmigos.

Quizá por eso esta crónica no pueda leerse hoy del mismo modo que en otras ocasiones. Los caminos, las fuentes, las conversaciones y la fotografía de grupo siguen formando parte de nuestra historia compartida, pero esta vez quedan acompañados por la preocupación por un territorio que sentimos muy cercano y por todas las personas afectadas por el fuego.

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El Puerto de Pasapán volvió a recibirnos sin sorprenderse de nuestra visita. Allí arriba parecía esperarnos una vez más esa fotografía de grupo que repetimos casi como un pequeño ritual.

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Pero antes de llegar hasta allí, tenemos que retroceder hasta el comienzo de la ruta. Poco más de las 8:30 de la mañana, el punto de encuentro empieza a llenarse de bicicletas y saludos habituales. Hoy somos diez: Andrés, Ángel, Enrique, Fer, Juan, Jesús, Pawel, Rafa, Santi y Alfonso.

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Fer se ha encargado también de una tarea menos visible pero muy necesaria: tramitar días atrás los permisos que nos permitirán regresar por la Garganta del Río Moros.

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Intentamos arrancar a las nueve en punto, pero algo va mal: mi cambio electrónico no funciona. La tecnología siempre eligiendo el peor momento. Manos expertas tocando aquí y allá, pero nada. Afortunadamente, Fer lleva una pila de repuesto y no duda en prestármela.

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Después de tantos años de rutas, seguimos buscando caminos nuevos, lugares que descubrir y paisajes que nos sorprendan. Pero quizá la verdadera pregunta sea otra: qué nos sigue empujando a volver a algunos caminos, incluso cuando ya los conocemos de memoria.

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Sabemos dónde comienza el cordel por la Cañada Real Soriana Occidental, donde la comitiva suele estirarse buscando su propio ritmo.

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Conocemos el lugar exacto donde hacemos la primera pausa, en la fuente junto al río Milanillos, antes de emprender el largo ascenso por la ladera norte de Pasapán.

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Y recordamos que el esfuerzo se verá recompensado con una nueva fuente, al pie del manantial, donde podremos llenar los bidones antes de alcanzar el puerto.

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Allá arriba nos espera el monolito y esa foto de grupo que repetimos en cada visita y que, sin embargo, sigue ilusionándonos como si fuera la primera.

Puerto de Pasapán

Quienes llevamos años compartiendo rutas sabemos que hay lugares que terminan convirtiéndose en algo más que un punto del mapa. El Puerto de Pasapán es uno de ellos: aparece una y otra vez en nuestras fotografías, en nuestras conversaciones y en muchos de los recuerdos que han ido dando forma a la historia de AlfonsoyAmigos.

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También conocemos el Alto del Casetón, el descenso rápido por el GR, la tierra seca bajo las ruedas, la llegada a la Garganta del Río Moros y el bullicio —hoy menos palpable— de La Panera.

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Nada de eso es nuevo. Y, sin embargo, seguimos volviendo.

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Tal vez porque, con el paso del tiempo, algunos recorridos dejan de ser simples rutas para convertirse en lugares donde comprobamos que todavía podemos coincidir, pedalear a nuestro ritmo, bromear en las paradas y volver a encontrarnos al final del camino.

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Hay caminos que dejan de pertenecer al paisaje y pasan a pertenecer a nuestra historia.

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Porque, al final, lo que permanece no es solo la huella de nuestras bicicletas sobre el terreno, sino las conversaciones compartidas, los momentos vividos y la certeza de que, mientras podamos seguir reuniéndonos alrededor de una ruta, todavía queda mucho por recorrer. 

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Junto a ese recuerdo queda también nuestro abrazo y todo nuestro ánimo para nuestro amigo Pawel, para su familia y para todos los vecinos de Los Ángeles de San Rafael y de las localidades afectadas por el incendio.

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El trazado sigue siendo el mismo; lo que nos sigue llevando hasta él es lo que realmente merece ser contado.


1 comentario:

  1. Muchas gracias a todos por vuestra preocupación y por ofrecer vuestra ayuda en todo momento. A parte de ser grandes compañeros de ruta también sois grandes amigos!!! Un beso abrazo a todos 😘

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