viernes, 11 de septiembre de 2026

Aquella primera página en blanco

Hay recuerdos que permanecen durante muchos años sin que uno sepa muy bien por qué.

Tenía diecisiete años cuando acudí a una entrevista de trabajo. En algún momento me pidieron que escribiera una redacción de tema libre. Supongo que querían comprobar mi facilidad para expresarme por escrito, mi conocimiento de la ortografía o, sencillamente, cómo era capaz de desenvolverme ante una hoja en blanco.

La situación se me quedó grabada: una hoja delante y la necesidad de empezar sin saber muy bien qué escribir.

Y entonces hice algo que, visto desde hoy, me resulta curioso. En lugar de buscar un tema sobre el que escribir, empecé a describir lo que estaba sucediendo: la hoja, aquel momento, la dificultad de encontrar un comienzo. No sabía entonces que acababa de encontrar una manera de salir del problema.

Han pasado más de cincuenta años y me sigue ocurriendo.

Me siento delante del ordenador. Tengo que escribir algo y, durante unos instantes, no sé qué. Busco una idea, una historia, algo que merezca la pena contar. Nada parece suficiente.

AlfonsoyAmigos

Hasta que me doy cuenta de que estoy haciendo lo mismo que aquel muchacho de diecisiete años: cuando no encuentro qué escribir, empiezo por escribir sobre no saber qué escribir.

Es curioso comprobar que algunas cosas cambian mucho con los años y otras apenas lo hacen. La hoja de entonces se ha convertido en una pantalla. La entrevista quedó muy atrás. El muchacho de diecisiete años también. Pero el momento de empezar sigue siendo parecido.

Y vuelvo a mirar la pantalla.

Pienso en aquella redacción.

No recuerdo lo que escribí. Recuerdo que no sabía qué escribir. Y que, finalmente, escribí sobre ello.

Aquello pudo ser una pequeña lección aprendida sin darme cuenta: cuando no sabes por dónde empezar, puedes empezar precisamente por eso.

No hace falta tener una gran historia preparada. Basta con poner sobre el papel lo que tienes delante en ese instante: una duda, una historia, una dificultad, incluso el silencio que se ha instalado al otro lado de la pantalla. Después, la propia escritura irá diciendo si había algo más.

Eso es lo que hago ahora muchas veces. Empiezo sin saber exactamente a dónde voy y, mientras avanzo, aparecen ideas o sensaciones que no estaban del todo claras cuando me senté.

A veces descubro que no había nada. Otras, que sí.

Y empiezo a entender por qué aquella escena de los diecisiete años ha permanecido conmigo durante tanto tiempo. No por la redacción. Ni siquiera por aquella entrevista. Sino porque, sin saberlo, encontré una forma de empezar.

Cuando la página está en blanco y no sé qué decir, empiezo por contarlo.

Y después, ya veremos dónde nos lleva.

Cierras el ordenador.

La habitación vuelve a quedarse en silencio. 


5 comentarios:

  1. Bonita forma de empezar para iniciar la escritura de un libro me gusta un abrazo Alfonso

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    1. Muchas gracias. Quién sabe… quizá aquella primera página en blanco fuera, sin saberlo, el principio de todo. Un abrazo.

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  2. Ángel Santamarina (Asanta)11 de septiembre de 2026 a las 18:42

    Bonito texto, Alfonso.
    Un abrazo.
    Salud y pedales.
    Santa

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    1. Gracias, Santa. Un abrazo grande.
      Salud y pedales.

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  3. A veces lo más difícil no es escribir una historia……lo más difícil es no poder acudir a una ruta de AlfonsoyAmigos.
    Muy pronto de vuelta con vosotros, muy pronto.
    Un abrazo!!.

    Luis Angel.

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