jueves, 13 de agosto de 2026

Bajo el mismo cielo

 

Eclipse total de Sol desde San Rafael

Hay momentos que uno espera por lo que va a suceder sobre nuestras cabezas y termina recordando también por lo que sucede alrededor.

Eclipse

Ayer por la tarde subí hasta el cerro de Cabeza Reina, en San Rafael, para ver el eclipse. Sabía que habría gente, pero me encontré algo mucho más agradable de lo que imaginaba: muchas personas repartidas por la ladera, cada grupo buscando su rincón, todos con un mismo propósito y, sobre todo, con un extraordinario buen talante.

Fue bonito comprobar cómo, en situaciones así, la condición de desconocidos dura muy poco. Sin conocernos de nada, varias personas me ofrecieron tortilla, empanada y bebida. Pequeños gestos que no cambian el mundo, pero que sí cambian la forma de vivir una experiencia.

Poco a poco se fue acercando el instante culminante. Las conversaciones se hicieron más breves, las miradas se dirigieron hacia arriba y una expectación silenciosa comenzó a extenderse por toda la cima. Cada uno observaba a su manera, pero todos compartíamos la misma espera.

Eclipse

Y entonces sucedió.

No fue el gran primer plano que tantas veces vemos en las fotografías o en las retransmisiones con teleobjetivos. A uno siempre le queda la sensación de que le habría gustado verlo más grande, más cercano, más espectacular. Pero la realidad tuvo algo que ninguna imagen puede reproducir: la emoción colectiva.

Cuando la Luna terminó de cubrir el Sol y la luz cambió, la cima estalló unánime en gritos y aplausos. Quienes hasta hacía un rato no nos conocíamos celebrábamos juntos un fenómeno que lleva ocurriendo desde mucho antes de que existiéramos y que seguirá ocurriendo cuando ya no estemos.

Eclipse

Después llegó la calma. Una calma extraña, casi reverencial. Durante unos minutos apenas se escuchaban conversaciones; muchos permanecíamos mirando todavía hacia arriba, como si necesitáramos un poco de tiempo para aceptar que aquello tan esperado acababa de pasar.

Aquel silencio tuvo también algo especial. Era el de quienes han compartido una emoción difícil de explicar y prefieren conservarla unos momentos antes de volver a la rutina.

Mientras regresaba pensé que, al final, el eclipse había sido solo una parte de la experiencia. Lo verdaderamente memorable fue haber compartido aquella espera con tanta gente distinta, bajo el mismo cielo, sintiendo durante unos minutos que todos mirábamos en la misma dirección.

Quizá por eso hoy no recuerdo solo la oscuridad momentánea del Sol. Recuerdo también la generosidad espontánea de unos desconocidos, la expectación contenida de la cima y ese aplauso unánime que surgió cuando la luz cambió y todos comprendimos que habíamos vivido algo irrepetible.

Porque hay espectáculos que se contemplan con los ojos… y otros que se quedan para siempre en la memoria por las personas con las que los vivimos.

AlfonsoyAmigos

Domingo, 16 de Agosto de 2026

El cielo nos hizo detenernos. Ahora, los caminos vuelven a llamarnos.

Hora: 🕣 8,45 

Lugar de inicio: 📍 Paseo Rivera de San Rafael 

 


2 comentarios:

  1. Precioso texto Alfonso.
    Aquí. en Gijón no lo pudimos ver porque estaba nublado. Si el ver cómo se fue oscureciendo el cielo y como volvió la luz ( mucho más rápido)..
    Pero si fue bonito compartir la experiencia con amigos y un montón de gente desconocida omo te ocurrió a ti.
    Un abrazo..
    Ya estoy esperando por la próxima crónica.
    Santa.

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