jueves, 1 de enero de 2026

2026: El mapa que aún no hemos trazado

El calendario afloja sus últimas hojas, como si también él necesitara un respiro antes de empezar de nuevo


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Se va un año cuajado de huellas y, frente a nosotros, se despliega un territorio prometedor: ese espacio aún sin trazar que solo existe cuando alguien se atreve a recorrerlo.

El horizonte como destino

Un nuevo año no es solo una cifra que cambia; es una invitación a mirar un poco más lejos, a imaginar lo que se esconde tras la siguiente loma. En AlfonsoyAmigos, el 2026 no lo contaremos en días, sino en las cumbres que aún aguardan, en los senderos que todavía no han sentido nuestras ruedas y en los abrazos que el camino reserva para cuando más se necesiten.

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Un pacto con la aventura

Para este ciclo que comienza, mi propuesta para ti —que compartes conmigo el polvo del camino o el silencio de estas letras— es sencilla y exigente a la vez: no elijas siempre lo cómodo.

    Busca la ruta que te haga dudar; en esa duda suele asomarse lo mejor de nosotros.

    Busca la compañía que arranque una risa cuando falte el aire; ahí se reconoce la esencia del grupo.    

    Busca el tiempo para detenerte, porque la velocidad sin contemplación termina convirtiéndose en una prisa vacía.

Seguiremos aquí, dejando que el camino marque el compás y que las palabras lleguen cuando tengan algo verdadero que decir.

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No le pido al 2026 que el camino sea llano; le pido manos firmes en el manillar y a los mejores amigos a mi lado para descubrir juntos lo que de verdad importa.”

Que el nuevo año nos encuentre con el ánimo despierto, el corazón disponible y la salud suficiente para seguir compartiendo sendas, risas y silencios.

¡Feliz Año Nuevo a tod@s

Nos veremos, como siempre, donde empiece el sendero, allí donde el horizonte se convierte en promesa. 

Y como las promesas solo cobran vida cuando se ponen en marcha, no dejaremos que la tinta del nuevo calendario se seque sin haber manchado antes nuestras cubiertas. El 2026 nos reclama y el mapa, todavía mudo, espera nuestro primer trazo.  

Domingo, 4 de enero de 2026

Inauguramos el año con el cálido abrazo de nuestros amigos Eva y Patrick, quienes nos brindan sus mejores deseos para este ciclo que comienza y nos invitan a estrenar los senderos con esta ruta. Que el cielo sea cómplice y nos regale el temple necesario para este primer encuentro:

Quedamos a las: 🕣 8,45


domingo, 28 de diciembre de 2025

Cerrar el año: el pretexto de estar juntos

El domingo amaneció con ese aire de reconciliación que solo la sierra sabe ofrecer después de una semana de encierro climatológico

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La montaña, que siete días antes nos cerró el paso con un portazo de viento y frío, parecía hoy recibirnos sin reproches, dejando que una luz tamizada hiciera olvidar el rigor pasado, aunque el sol nunca llegara a imponerse.

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Nos reunimos en San Agustín de Guadalix. Allí, con el frío aún prendido al amanecer, los saludos recuperaron su música habitual. Había ganas de pedalear, sí, pero sobre todo una necesidad casi física de vernos, de comprobar que el grupo seguía ahí, intacto, con esa complicidad silenciosa de quienes han compartido mil lances. 

Éramos diez: Andrés, Ángel, Enrique, Fer, Jesús, Juan, Luis Ángel, Rafa, Raúl y yo mismo, Alfonso.

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El aroma de la tierra viva

Desde los primeros metros, tal vez los más duros de la ruta, el ritmo se fue asentando como una respiración compartida. Al dejar atrás el asfalto, nos internamos en esas pistas amplias y generosas donde las cubiertas parecen entenderse a la perfección con el terreno. El firme, aún marcado por las cicatrices de las lluvias recientes, obligaba a elegir trazada en algunos puntos, buscando el paso más claro entre el barro y la piedra, pero sin romper nunca el ritmo del avance.

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El aire olía a tierra viva, profunda y recién lavada, que solo se percibe cuando el campo despierta después de la tormenta. Al alcanzar el kilómetro tres, más de uno dejó escapar la mirada hacia el desvío de la Cascada del Hervidero.

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Pero hoy la voluntad era otra: nos aguardaba el Camino del Monte de Valdeoliva. La ruta pedía continuidad, devorar metros sin alardes, y nadie discutió la decisión. El grupo fluía en silencio, apenas roto por la voz entrecortada de algún walkie mal apagado.

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Vigías en la Atalaya

Las pistas se sucedían ondulantes, invitando a mantener una cadencia constante, ese mantra discreto del ciclista de fondo. El paisaje cambiaba sin brusquedad; los campos abiertos se fundían con lomas suaves y los árboles empezaban a recuperar un color que el gris les había arrebatado

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Coronamos una de esas lomas para detenernos junto a la Atalaya de El Molar y su punto geodésico, a 831 metros de altitud. Allí el viento soplaba con una verdad distinta. La mirada se abría en dos direcciones que parecían darse espacio: al norte, la sierra, insinuando ya las primeras sombras del invierno, pero sin nieve; al sur, la llanura castellana extendiéndose sin urgencia, casi infinita.

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Desde allí nos lanzamos en un descenso rápido hacia El Molar. Las ruedas zumbaban sobre la pista y, en pocos minutos, la altura quedó atrás. Al entrar en el pueblo, la Navidad se dejaba ver sin estridencias: alguna luz discreta, algún adorno sobrio, ese aire de víspera tranquila. Pasamos casi de puntillas, sin querer romper el equilibrio del momento.

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El pulso de la piedra y el agua

Por delante quedaban unos kilómetros engañosos, entre restos de antiguas calerizas, que invitan a apretar la marcha y que, tras cruzar la N‑320, desembocan en el ascenso que te devuelve a la realidad. Dejamos atrás la ETAP de Torrelaguna y nos dejamos caer por el tramo pedregoso que conduce a la M‑124, un descenso corto pero que exige atención.

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El camino, al principio muy roto, no disimulaba que teníamos por delante un nuevo ascenso hacia Venturada. Una subida de paciencia más que de fuerza, donde cada uno buscó su propio compás mientras el paisaje se iba abriendo poco a poco. Coronamos en el entorno de la iglesia de Santiago Apóstol con una pausa breve, apenas un respiro compartido y un trago de agua.

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Desde Venturada iniciamos el descenso hacia el valle. El embalse de Pedrezuela apareció con un primer gesto de calma: una superficie inmóvil, de azul acerado, que invitaba a detenerse un instante para ensanchar la mirada.

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Unos metros más adelante, junto a la pantalla de la presa, el desagüe rompía esa serenidad con un torrente impetuoso que se precipitaba valle abajo, antes de retomar el camino de Servicio del Canal Alto.

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El Torreón y el viento en la cara

Aún quedaba el ascenso hacia el Torreón de la Retuerta, ese aviso claro de que la montaña, aunque te reciba con hospitalidad, nunca regala nada. Una suma paciente de metros ganados en armonía.

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El regreso nos llevó por la Dehesa de Moncalvillo y después por la vereda del Carril de las Mentiras, ese camino que parece inventado para conversar sin prisa. Pero lo cierto es que a los cuerpos todavía les quedaban ganas de sentir el viento rápido en las caras; un último pulso de velocidad antes de dar por concluida la jornada.

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Al terminar, el GPS marcaba 64 kilómetros y 1.074 metros de desnivel acumulado. Una ruta rápida y engañosa, de las que castigan con constancia y dejan un cansancio profundo al bajarte de la bici.

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Hubo pocas paradas, casi las imprescindibles para reagrupar, y aun así Andrés y Enrique prefirieron seguir avanzando en más de una ocasión, como si la mañana les llevara en volandas.

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Cuando ya se intuía el final de la ruta y los últimos repechos se hacían notar, Jesús y Raúl reconocían —entre risas forzadas— que las piernas se resentían tras no haber escatimado esfuerzos. Ese cansancio compartido, tan nuestro, fue quizá el mejor termómetro de que la jornada había merecido la pena.

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Y así, con esta salida cerramos también la crónica del año: un año de pedaladas, de encuentros, de silencios en mitad del monte y de conversaciones que solo nacen cuando uno rueda acompañado.

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Que el final de año os llegue sereno y con ganas de seguir compartiendo caminos. Y que el próximo nos encuentre cerca, disfrutando de nuevas rutas, pedaladas y buenos momentos. A quienes montáis a mi lado y a quienes seguís nuestras aventuras desde la distancia: gracias por formar parte de esta historia. Sigamos escribiéndola —juntos—.

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viernes, 26 de diciembre de 2025

Memoria del Camino

El Enigma Schmid Rescatado

Hay historias que, como las viejas sendas, se cubren de hojarasca con el paso de los años. No caducan, solo esperan.

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Hoy, en esta jornada de reflexión, he querido bajar al sótano silencioso del blog para recuperar una crónica gracias a la amable sugerencia de un lector reciente, al que nuevamente agradezco sus palabras.

Su mensaje me recordó la pasión que puse en desvelar un nombre que, en su momento, me exigió mucho tiempo de rastreo y todo el corazón de la búsqueda.

Eduardo Schmid. Un apellido grabado en la roca, susurrado por el aire frío del Guadarrama, pero cuya vida era un enigma. ¿Quién era el hombre detrás del camino? ¿Qué trajo a ese alpinista, socio número trece de Peñalara, a dejar su huella eterna y, sobre todo, su descanso final, tan lejos de su Bad Grund natal?

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Esta crónica, escrita hace ya una década, no es solo un mapa. Es una pieza de arqueología sentimental que me llevó a una casita en Trillo, a los ecos de un Sanatorio y, finalmente, al salón de una familia de El Espinar que guardaba el secreto de su última bufanda y su paz perpetua.

Es la historia de cómo un sendero de montaña se convierte en una tumba con alma. Si os la perdisteis, o si ya la leísteis, os invito a revivir la emoción de este descubrimiento.

Aquí, el relato completo que desentrañó el misterio de Eduardo Schmid


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 Domingo, 28 de Diciembre de 2025

La semana pasada el mal tiempo nos dejó sin salida, pero no sin camino. La montaña, cuando se cierra, también invita a la introspección y a bajar a ese sótano de recuerdos donde habitan las crónicas que todavía hoy nos devuelven algo.

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Este domingo retomamos la marcha y regresamos a un trazado que ya nos vio pasar en marzo de este mismo año, el mismo que estaba previsto antes de la suspensión: un camino conocido que vuelve a ofrecernos su silencio y su ritmo. La ruta será el pretexto; lo importante, como casi siempre, será estar.

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Hora de encuentro: 8,45

Lugar de encuentro: Calle Camino de Valdeolivas – San Agustín de Guadalix


lunes, 22 de diciembre de 2025

El Brindis del Barro y la Estrella

Y mientras la noche nos recuerda que hay regalos que no caben en un saco, nosotros también aprendemos a suavizar el ritmo… aunque solo sea por un instante.

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A veces también pedalear consiste en saber detenerse

Este fin de semana no hubo ruta oficial. Habíamos dicho que la Navidad se acercaba casi sin hacer ruido, como el girar de una cadena bien engrasada sobre el silencio de la nieve.

Pero hoy, AlfonsoyAmigos se detiene... o casi. Este fin de semana, el cielo ha decidido imponer su ley, cubriendo de gris los senderos y obligando a la mayoría a echar el pie a tierra.

Aun así, mientras escribo estas líneas, sé que algunos valientes desafiaron los nubarrones para buscar su propio invierno en una ruta breve. Su gesto es la prueba de que hay pasiones que no entienden de termómetros ni de partes meteorológicos.

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El sendero de lo que importa

A menudo medimos nuestras rutas en kilómetros o en metros de desnivel, pero al llegar a estas fechas, la verdadera altimetría la marca el corazón. Al mirar atrás aparece un año de madrugones, de frío calando los huesos y de sudor compartido.

En cada imagen que guardamos en la retina, la bicicleta no rueda sola: la acompaña una mano tendida cuando las fuerzas flaquean, el hombro cuando la máquina se rinde y la risa franca al coronar la loma.

Y es ahí, en esa mezcla de esfuerzo y compañía, donde empieza a dibujarse lo que realmente nos sostiene

El alma de esta ruta

A vosotros, compañeros de fatigas, quiero daros las gracias.

Sois mucho más que ciclistas compartiendo un track: sois viento a favor en los días de cara al aire y refugio cuando la tormenta aprieta. Esa lealtad sencilla convierte cada salida en un rito que trasciende el pedalear.

Y también a quienes nos leéis desde la barrera, ese pelotón invisible que da sentido a estas letras. Vuestra presencia es un motor silencioso que nos acompaña tanto en las mañanas de sol como en estos domingos de resguardo.

“No importa si hoy vistes culote o ropa de calle; en este blog, todos rodamos en el mismo grupo.”

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Mi deseo de Navidad

Que en estas fiestas, mientras esperamos a que el cielo claree:

  • Tus frenos respondan ante lo inesperado.
  • Tu transmisión sea suave en las pendientes de la vida.
  • Y que tu GPS siempre te devuelva al calor de los tuyos.

Disfrutad de la calma y de la familia. Nos quedamos a resguardo, cuidando la llama de nuestra pasión para volver a encenderla muy pronto, antes de que el calendario cambie de piel.

¡Feliz Navidad, amigos de ruta y de vida!

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viernes, 19 de diciembre de 2025

La Navidad, la luz que ilumina nuestros caminos

La Navidad llega cada año como una brasa antigua que vuelve a encenderse, suave pero insistente, en el rincón más íntimo de nuestra memoria

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No importa el frío de fuera ni las ausencias que en estas fechas duelen un poco más: siempre queda una chispa. Un destello que nos recuerda quiénes fuimos, quiénes somos y hacia dónde seguimos caminando.

Es una luz que no deslumbra ni exige; simplemente acompaña. A veces basta con detenerse un instante, respirar hondo y dejar que esa tibieza atraviese las sombras que vamos acumulando.

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Porque la luz de la Navidad no siempre es un resplandor festivo. En ocasiones es apenas un hilo tembloroso que se cuela entre los días, pero suficiente para guiarnos cuando el camino se estrecha.

Quizá por eso la esperamos: porque en su claridad hay un refugio humilde, una tregua con el tiempo, un lugar donde lo vivido encuentra su sitio sin herir.

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Este año la siento distinta. Más suave, más lenta. La contemplo y regresan reflejos de otros inviernos: risas que hoy solo resuenan en el corazón, gestos que ya no puedo repetir, silencios que se han vuelto compañeros fieles.

Y, aun así, esa misma luz sigue abriéndose paso. Me recuerda que todavía hay calor en las manos que me acompañan, en los senderos que pedaleo, en los amigos que siguen siendo hogar.

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Quizá la Navidad sea justamente eso: un destello que nos permite abrazar lo que fuimos sin dejar de avanzar. Una claridad serena que reconcilia lo que permanece con lo que aún podemos construir.

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Mientras esa luz se acerca, también lo hace el deseo de seguir compartiendo pedaladas. No importa el calendario; importa la ilusión de volver a encontrarnos y rodar un poco más ligeros, guiados por esa calma que, cada diciembre, ilumina nuestras vidas y nuestros caminos.

Que esa luz serena nos siga reuniendo, nos invite a celebrar cada día lo vivido y lo que aún está por llegar, y nos recuerde que el camino, cuando se comparte, siempre pesa un poco menos. 

Domingo, 21 de Diciembre de 2025

Esta vez la montaña pide calma. Las previsiones anuncian frío intenso, lluvias persistentes y la posibilidad de nieve en cotas que solemos transitar. No es una queja ni una renuncia: es simplemente escuchar lo que el cielo y la tierra nos están diciendo.

Por eso, esta semana no habrá cita ni punto de encuentro. Quizá también sea tiempo de recogimiento, de esos días en los que el calendario invita a bajar el ritmo y cuidar lo cercano.

Habrá otros domingos; la sierra seguirá ahí, esperándonos, y volveremos a mirarnos a los ojos junto a las bicis cuando el tiempo afloje y la montaña recupere su tono habitual.