jueves, 15 de enero de 2026

Comprar una e-bike

El peso de la libertad

Hay decisiones que, vistas desde fuera, parecen sencillas. Basta con abrir un catálogo y dejarse abrumar por los números: vatios, par motor, capacidad de batería. Todo suma, todo promete. La libertad, según parece, cabe en una ficha técnica bien ordenada, limpia, convincente.

AlfonsoyAmigos

Pero la montaña nunca ha entendido de catálogos. Ni de promesas bien impresas.

Porque con la bici —conviene recordarlo de vez en cuando— no siempre se pedalea.

AlfonsoyAmigos

En nuestras rutas por Guadarrama el camino cambia de humor sin avisar. Lo que hace un momento era fluido y agradecido se quiebra de pronto en escalones, se encajona entre piedras, se cierra en un sendero estrecho o nos obliga a detenernos ante una valla, una portilla o un arroyo crecido.

AlfonsoyAmigos

Ahí el motor calla. Y en ese silencio repentino, casi incómodo, la bicicleta deja de ser eléctrica o muscular: pasa a ser, simplemente, peso.

  • Peso que hay que levantar con cuidado.
  • Peso que hay que girar buscando el equilibrio.
  • Peso que se hace presente en los brazos y en la espalda cuando el terreno manda más que la máquina.

AlfonsoyAmigos

Es entonces cuando la montaña empieza a hacer preguntas. No lo hace con palabras, sino con gestos: Con pendientes mal colocadas, con apoyos inciertos, con pasos que obligan a decidir. Preguntas que no aparecen en ninguna tienda:
¿
Quién lleva a quién en realidad? ¿Hasta dónde llega tu fuerza cuando la ayuda desaparece? ¿Eres dueño de la bici… o dependes de ella?

AlfonsoyAmigos

Una batería grande tranquiliza, no hay duda. Da margen, da seguridad, amplía horizontes y reduce miedos. Pero también añade kilos. Y esos kilos no siempre se notan subiendo, con el motor empujando en silencio.

AlfonsoyAmigos

Aparecen después: cuando hay que levantar la bici un poco más de lo previsto, cuando toca maniobrar en un paso torcido, cuando el grupo avanza y la asistencia se ha quedado atrás, detenida en ese límite de los 25 km/h que la montaña ignora por completo.

AlfonsoyAmigos

Ahí el cuerpo entra en escena sin pedir permiso

Porque la libertad en la montaña no depende solo de la máquina que llevamos, sino del cuerpo que la acompaña: de las piernas, sí, pero también de los brazos, de la espalda y del centro que nos sostiene cuando el equilibrio se vuelve frágil; de la autosuficiencia para no depender siempre de una mano amiga, aunque sepamos que está ahí.

AlfonsoyAmigos

De eso se habla poco. Quizá porque no se puede embalar. Quizá porque no se puede vender.

AlfonsoyAmigos

Con el tiempo uno aprende que no gana la bici más potente ni la que promete llegar más lejos. Gana la que se adapta a nuestra manera real de rodar. A los obstáculos que sabemos que acabarán apareciendo. A la compañía con la que compartimos el camino. Y, sobre todo, al cuerpo que tenemos hoy, con su memoria, su experiencia y sus límites.

AlfonsoyAmigos

Porque aquí no salimos a cazar cifras ni a justificar decisiones. Salimos a seguir sintiendo la vida sobre dos ruedas.
A aceptar que la libertad —como casi todo lo importante— pesa.
Y que aprender a llevar ese peso también forma parte del camino.


Domingo, 18 de enero de 2026

El domingo volveremos a encontrarnos, musculares y e-bikes, allí donde el camino decide por nosotros, lejos de teorías y números. Una salida tranquila, conocida y compartida, para rodar, parar cuando haga falta y disfrutar del gesto sencillo de pedalear juntos

AlfonsoyAmigos

La última vez, Enrique se llevó un recuerdo en un dedo de la mano. En esta ocasión, mejor que lo único que nos llevemos sean risas.

Hora de encuentro habitual: 8,45

Lugar de encuentro: Calle Badalona en Galapagar 


domingo, 11 de enero de 2026

Cuando el frío nos puso en marcha

 

Senderos desde Navalafuente

Navalafuente no es solo un punto de partida; es un lugar que reconoce nuestros pasos. Un refugio adoptado para celebraciones y una promesa de caminos que ya sentimos como propios.

AlfonsoyAmigos

Allí nos reencontramos más abrigados de lo habitual, con los –2 ºC que nos dejaba la borrasca Goretti. La mañana no invitaba a detenerse, sino a buscar ese calor que llega cuando el cuerpo entra en movimiento.

AlfonsoyAmigos

Éramos nueve frente al invierno: Ángel, Enrique, Ernesto, Fer, Jesús, Juan, Luis Ángel, Santi y Alfonso. Nos une esa certeza aprendida con los años: el esfuerzo compartido acaba poniendo cada cosa en su sitio.

AlfonsoyAmigos

Juan había salido antes. El resto seguimos su estela por el Camino de Miraflores, enlazando pronto con el Camino de las Viñas. Quizá por las ganas o por el frío, la marcha se acelera pese a los toboganes, aunque quienes conocemos estos tramos sabemos que es un espejismo: pronto será la propia montaña la que acabe dictando el ritmo.

AlfonsoyAmigos

Cruzamos el puente del tren sin detenernos, dejando atrás esa melancolía que siempre acompaña a las viejas estructuras ferroviarias, con sus huellas de infinitos sueños. Tras reagrupar, nos adentramos en una preciosa senda que comienza a ganar altura con decisión.

AlfonsoyAmigos

El terreno se inclina mientras seguimos el curso del arroyo de los Tejos, que fluye allá abajo, a nuestra izquierda, recordándonos con su murmullo que, mientras el agua busca el valle, nosotros buscamos la cumbre.

AlfonsoyAmigos

El desnivel crece y el terreno se rompe en zanjas que exigen precisión. Nada se regala aquí: cada metro es una pequeña victoria.

AlfonsoyAmigos

Alcanzamos la Cañada Real Segoviana. Hay una nobleza silenciosa en estas vías pecuarias: caminos que no pertenecen a nadie y nos pertenecen a todos.

Bajo nuestras ruedas late la memoria de la trashumancia, y parece que la propia historia nos empuja mientras afrontamos ese tramo por encima del 10 % que nos lleva al techo de la ruta (1.282 m).

AlfonsoyAmigos

Me uno a quienes ruedan en cabeza: Ángel y Enrique, o Enrique y Ángel —que tanto monta, monta tanto— si no fuera porque uno devuelve la charla a pesar del esfuerzo y el otro prefiere vigilar sus pulsaciones… No diré quién es quién.


AlfonsoyAmigos

Valoré desviarnos hacia la Senda Partebielas. Su nombre lo dice todo: porcentajes de desnivel que no dan tregua, más propios para e-bikes con la batería y la potencia a tope. Sin embargo, decidí descartarla…


AlfonsoyAmigos

Senda Partebielas”, “Senda Ultraflow”… nombres bautizados por otros ciclistas para identificar senderos que carecen de ellos en los mapas, pero que en nuestro lenguaje definen el alma de lo que pisamos.

AlfonsoyAmigos

En el punto más alto de la ruta nos detenemos: reagrupamos, pausa de hidratación y alguna foto. Allí nos sorprende Galo, que ha salido a nuestro encuentro. A Juan aún no lo alcanzamos, seguramente inmerso en sus pensamientos y en la compañía de su “muscular”.

AlfonsoyAmigos

AlfonsoyAmigos

La recompensa llega en la Senda Ultraflow, que nos lleva con suavidad hacia Bustarviejo, pueblo frontera entre el valle y la alta montaña, de canteros y ganaderos, que nos ve pasar con agrado. Ahora sí, el grupo se ha reunido al completo.

AlfonsoyAmigos

Puede que el Cerro del Pendón (1.544 m), viejo conocido y sufrido en otras lides, aguardara hoy nuestra visita; sin embargo, no todos los compañeros lo recuerdan con el mismo cariño. 

AlfonsoyAmigos

Hay cumbres que se graban en las piernas antes que en la memoria, y hoy hemos preferido dejar su silueta como testigo mudo de nuestro paso, sin entrar en sus dominios.

AlfonsoyAmigos

Nuestro avance nos lleva a la laguna de Navalengua, un espejo efímero que la borrasca ha dejado como regalo en la dehesa. Es un punto de contraste: mientras algunos capturamos la belleza del reflejo, otros pasan de largo, prefiriendo no romper el ritmo ahora que el terreno concede un respiro.

AlfonsoyAmigos
AlfonsoyAmigos

Valdemanco nos tienta con las laderas de Mondalindo y el puerto del Medio Celemín. Lugares que otras veces nos han puesto a prueba, pero hoy la sonrisa se dibuja en el grupo al pasar de largo. Hay una victoria silenciosa en saber declinar un desafío.

AlfonsoyAmigos
AlfonsoyAmigos
Entramos en zona de senderos revirados, de lanchas de piedra, y escalones que salvamos con destreza, mientras los caminos más anchos aún crujen bajo nuestras ruedas por el hielo. Quedan atrás el Camino del Narrillo, el de Cabanillas, el Lanchar de la Condesa y el arroyo de Sacedón.

AlfonsoyAmigos

Un último repecho en Cabanillas de la Sierra y un sendero single nos confirma que el viaje está llegando a su fin. Rodamos ya con la calma de quien ha cumplido con la montaña, dejando que la inercia nos devuelva a Navalafuente.

AlfonsoyAmigos

Al cargar las bicis queda esa satisfacción tranquila de haber disfrutado de senderos con nombre propio y de haber esquivado, por una vez, a los grandes colosos.

AlfonsoyAmigos
AlfonsoyAmigos

Llegan las cervezas, la charla, las risas y la invitación adelantada de Luis Ángel por su cumpleaños. Al final, es esto lo que permanece: diez amigos que han compartido una mañana de invierno, el aire limpio de la Sierra y la certeza —simple, suficiente— de haber cumplido una semana más con la vida y con el camino.


jueves, 8 de enero de 2026

Cabeza Reina: El saludo al viejo centinela de piedra de San Rafael

Cabeza Reina siempre estuvo ahí, erguida como un centinela que se niega a rendirse ante el paso de los inviernos. Su torre de piedra, de origen incierto y manos anónimas, ha desafiado al olvido durante décadas.

AlfonsoyAmigos

Es mucho más que una construcción: es la brújula emocional de San Rafael y el faro de nuestras rutas. Mucho antes de que el cambio climático y los incendios se escribieran con la urgencia de las mayúsculas, ella ya miraba lejos, guardando el secreto de los pinares.

Subir a Cabeza Reina es, para los ciclistas de AlfonsoyAmigos, un rito de paso. El esfuerzo del ascenso encuentra su recompensa al alcanzar esa cima donde el horizonte muda de piel con cada estación.

AlfonsoyAmigos

Para nosotros, y para los andarines que comparten el polvo del camino, esa torre representa algo casi sagrado. Es el “puerto seguro” donde detenerse, donde los pulmones recuperan el ritmo y donde se espera con generosidad al compañero que se acerca más lento.

Es el lugar de la foto inevitable, del trago de agua o la barrita que saben a gloria y de esos silencios compartidos que solo el monte sabe inspirar. Cuántas veces, en pleno ascenso, hemos pronunciado un "hasta la torre" con el mismo alivio con el que se dice "hasta casa".

AlfonsoyAmigos

Allí arriba, la luz parece tener otro peso. Cuando el sol comienza a caer, las sombras de los pinos se estiran como gigantes y el aire, cargado de aroma a resina, parece contener el aliento.

AlfonsoyAmigosSi uno presta atención, el entorno susurra historias. Alrededor de la torre quedan ocultas cicatrices de otros tiempos: zanjas, parapetos y piedras alineadas de forma extraña, con alguna inscripción ilegible, que hablan de una sierra que fue refugio y frontera.

Son huellas que la montaña se resiste a borrar, como si guardara en sus entrañas la memoria de lo que ya nadie cuenta. La vieja torre de piedra lo vio todo.

AlfonsoyAmigos

Fue testigo del devastador incendio de finales del siglo XIX: vio el avance de las llamas, el negro de la ceniza, el silencio del día después y, con paciencia mineral, la lenta vuelta de los brotes verdes.

Por eso nunca fue solo un mirador; es un testigo paciente de la constancia del monte y de la resiliencia de quienes lo amamos.

AlfonsoyAmigos

Hoy, el paisaje ha cambiado. Junto a la veterana de piedra se alza ahora una nueva torre de vigilancia. Alta, robusta, eficiente; una estructura nacida para los veranos de fuego que nos acechan.

Cumplirá su función con precisión técnica, no hay duda. Pero mientras la nueva mira al futuro, la vieja sigue sosteniendo el pasado.

AlfonsoyAmigos

La nueva torre vigila el bosque; la antigua custodia la memoria de nuestras charlas al viento, los brindis con el bidón y los lazos de amistad forjados en cada pedalada.

No busquéis esta torre en los grandes catálogos de patrimonio nacional. Su valor no es arquitectónico, sino sentimental. Es un hito que encarna la historia vivida en la sierra, un lugar donde la presencia de quienes nos precedieron sigue latiendo en silencio.

AlfonsoyAmigos

A 1.479 metros de altitud, el punto geodésico nos regala una cifra fría y exacta. Nosotros sabemos que medir el monte no es cuestión de números ni de GPS, sino de la intensidad de las miradas que se cruzan al llegar arriba.

Cabeza Reina seguirá siendo nuestro faro. Seguiremos subiendo, midiendo nuestras fuerzas contra la pendiente y buscando la paz de sus vistas.

AlfonsoyAmigos

Y puede que algún día, cuando el verano vuelva a templar las noches, regresen también aquellas nocturnas deleitadas por el canto de los grillos, en las que ascendíamos en silencio —con menos años, es verdad— guiados por la luna y la certeza de que la torre nos aguardaba despierta.

AlfonsoyAmigos

Por eso, al pasar junto a la vieja torre de piedra, casi sin darnos cuenta bajamos la voz. Como quien saluda a un abuelo sabio que, tras toda una vida vigilando el camino, nos da permiso para seguir pedaleando hacia el próximo horizonte. 


Domingo, 11 de Enero de 2026

Con el latido de Cabeza Reina aún presente, es momento de poner rumbo a nuestro próximo encuentro. Este domingo la montaña vuelve a abrir sus caminos; nosotros solo tenemos que pedalear hacia ellos. 

Hora de encuentro: 8,45

Nos vemos en: Plaza Cuatro Caminos - Navalafuente

Nuestra propuesta: