El tiempo cambia el ritmo, pero no las ganas
de seguir descubriendo caminos
Hay una forma curiosa de medir el paso del
tiempo cuando uno sigue saliendo a la montaña en bicicleta.
No depende tanto de los años como de ciertos
hábitos que se repiten casi sin que te des cuenta: preparar la mochila, revisar
la presión de las ruedas, cargar la batería y salir temprano, a veces incluso
de noche.
Son gestos sencillos. Los
haces tantas veces que dejan de ser una preparación para la ruta y terminan
formando parte de tu vida.
Claro que algunas cosas han cambiado. El
cuerpo tiene sus días, el ritmo no siempre es el mismo y hay momentos en los
que conviene escucharlo un poco más.
La bicicleta también ha cambiado. La
asistencia eléctrica me permite seguir llegando a lugares a los que quizá ya no
podría. No me
quita las ganas de subir, ni la satisfacción de alcanzar un lugar después de
una subida exigente. Simplemente me permite seguir
estando ahí.
Hace tiempo que dejé de preocuparme por
demostrar nada. Prefiero llegar disfrutando
del paisaje que estar pendiente de cuánto he tardado. Parar
si merece la pena, hablar un rato con un compañero, descubrir un camino que no
conocía o dejar que la cabeza se vaya despejando mientras avanzan las ruedas.
Estoy convencido de que la montaña nunca ha
tenido prisa. Éramos nosotros quienes se la poníamos.
Ahora me interesa más lo que todavía no
conozco que lo que ya he conseguido.
¿Qué habrá después de aquella
curva? ¿Será
realmente transitable el camino que aparece en el track? ¿Dónde
tomaremos el café o las cervezas al final de la ruta? ¿Quién
se apuntará el domingo? ¿Qué conversación surgirá por
el camino?
Son cosas pequeñas, pero quizá sean
precisamente las que hacen que siga teniendo ganas de salir.
No necesito que cada ruta sea mejor que la
anterior. Ni más larga, ni más dura, ni más rápida. Solo
necesito que todavía haya algo por descubrir.
Cuando vuelva a sonar el despertador, prepararé la bicicleta, cogeré la mochila y pondré rumbo a la sierra. Como tantas otras veces.
Porque lo importante no es saber cuántos
domingos quedan. Es tener ganas de que llegue
el siguiente.
Domingo, 11 de Octubre de 2026
Y ya que hablamos de esperar el próximo domingo, esta semana volvemos a una ruta que ya recorrimos en febrero de 2025. Algunos la recordaréis; otros os quedasteis con ella pendiente.
Porque no siempre hay que buscar caminos nuevos para descubrir algo diferente. A veces basta con compartirlos con otra compañía.
No
subiremos a La Nava, pero tranquilos: el desnivel aparecerá pronto para
recordarnos que la jornada no será precisamente un paseo.
Hora de encuentro: 8,45
Lugar de encuentro: Aparcamiento en Cerceda



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