Salimos a la sierra buscando respuestas, o quizá todo lo contrario: salimos precisamente porque estamos cansados de buscarlas y de que otros pretendan dárnoslas.
La naturaleza no está ahí para solucionar
nada. No te
pregunta qué te preocupa ni cómo has llegado hasta aquí. No
opina sobre tus decisiones, no juzga tus pausas ni intenta animarte con frases
hechas. La
montaña simplemente está: inmóvil, austera y constante.
Y rara vez estamos solos en ese escenario.
A nuestro lado avanzan los compañeros. Compartimos
el recorrido, la rampa empinada, el polvo del camino y la sombra del mismo
pinar. Cada
uno lleva su propio macuto invisible, cargado de inquietudes, dudas y batallas
cotidianas.
Hay algo especial en avanzar juntos: una rueda
que acompaña cuando el terreno se pone difícil, una palabra durante el
descanso, una mirada cómplice. Y también las risas y las
voces más altas de lo habitual cuando el entusiasmo nos desborda ante lo que
tenemos delante.
Son momentos que se comparten sin necesidad de
compartir nada más.
En la vida diaria, la duda o el malestar ajeno
nos empuja enseguida a aconsejar, a buscar soluciones, a intentar arreglar
aquello que quizá no nos corresponde.
La montaña enseña otra cosa: estar.
Sin invadir. Sin
llenar todos los silencios.
Se rueda juntos, pero se piensa a solas.
Al final del día, los problemas siguen abajo,
esperándote. La montaña no los ha resuelto; tampoco era esa
su intención.
Pero después de unas horas de esfuerzo, de
risas, de silencio y de compañía, quizá los vemos de otra manera.
Nada ha cambiado fuera.
Pero uno vuelve distinto.
Domingo, 4 de Octubre de 2026
Todavía nos dura la euforia de la última ruta
y ya estamos como locos por volver a compartir caminos.
Pero parece que el tiempo quiere ponernos un
poco de suspense. Las previsiones anuncian lluvia para el domingo y, en mi
caso, tampoco tengo claro que pueda acompañaros.
Así que, según se acerque el domingo, si alguno ve posibilidades de salir por una zona con mejor tiempo, que proponga y vemos cómo se presenta la mañana.
¡Las ganas de montar siguen ahí!
Nuestra
ardilla, de momento, prefiere esperar a ver qué pasa.