jueves, 22 de octubre de 2026

Una Coca-Cola no sabe igual en todas partes

Hay cosas que damos por sentadas. Por ejemplo, que una Coca-Cola sabe a Coca-Cola. Parece difícil discutirlo, ¿verdad?

Pues últimamente he empezado a sospechar que no es exactamente así.

En Madrid, una Coca-Cola me sabe de una manera; en Segovia la encuentro algo diferente y, cuando voy a Altea a visitar a mis nietos en vacaciones, la cosa vuelve a cambiar.

No sabría explicar en qué consiste la diferencia. No tengo un paladar especialmente preparado, pero yo noto algo. Y, a estas alturas, tampoco voy a discutir conmigo mismo por una Coca-Cola.

Naturalmente, he empezado a buscar explicaciones.

No es lo mismo tomarla tranquilamente en una terraza que hacerlo después de una buena ruta en bicicleta, con las piernas cansadas y la garganta seca. En esos momentos, con las bicicletas apoyadas contra la pared y los compañeros dispuestos a alargar la conversación, una Coca-Cola bien fría puede sabernos a gloria.

Pero eso no explica por qué también hay diferencias entre unas localidades y otras.

En Altea residen muchos alemanes y, en una de esas charlas de vacaciones, fue mi yerno quien lanzó la hipótesis: ¿y si parte de la Coca-Cola que consumimos allí es importada de Alemania?

No tenemos pruebas ni nos hemos detenido a mirar la etiqueta, pero la sospecha pronto se convirtió en parte de mi investigación particular.

Después surgió otro sospechoso: el hielo. El agua utilizada para hacer los cubitos no tiene por qué ser la misma en Madrid, Segovia y Altea. ¿Y si la explicación estuviera también ahí?

Admito que esa posibilidad me hizo ilusionarme. Pero la alegría me duró poco: también noto diferencias cuando bebo directamente de la lata, sin hielo ni vaso.

Así que el hielo es sospechoso, pero no puede ser el único responsable.

A este paso, cualquier día pediré una Coca-Cola en un bar y empezaré el interrogatorio: ¿de dónde viene la bebida?, ¿dónde la han conservado?, ¿y de dónde procede el agua de los cubitos? No sé cómo reaccionará quien me atienda, pero sospecho que la próxima Coca-Cola me la tomaré en otro establecimiento.

Y lo más curioso es que no es la primera vez que me pasa algo parecido.

AlfonsoyAmigos

También me ocurre con las galletas María Fontaneda, que consumo desde que era un crío. Hace años ya les dediqué una entrada en el blog, “¿Cuál es tu manía?”. Entonces me preocupaba otra cuestión. Parece que, con el tiempo, he encontrado nuevos motivos para seguir dándoles vueltas.

Son muchos años de experiencia y ya han pasado unas cuantas galletas por mis manos. No pretendo presumir, pero quizá sea yo quien pueda hablar con conocimiento de causa sobre una María Fontaneda.

También les encuentro diferencias según dónde las consuma. Siempre he pensado que una misma receta puede dar resultados distintos si cambian los hornos, el grosor o el punto de tueste. No sé si será así, pero, de momento, seguiré disfrutando de ellas.

Aunque empiezo a pensar que mi paladar tiene más trabajo del que imaginaba.

He comenzado con una Coca-Cola y ya voy por las galletas. Como siga así, tendré que abrir un cuaderno de campo y clasificar las muestras por localidad. Quizá hasta necesite algún voluntario.

Lo malo es que, si al final descubro que todo sabe igual y que el problema está en mí, habré trabajado para nada.

O quizá no.

Porque cuanto más vueltas le doy, más sospecho que estoy buscando la respuesta en el sitio equivocado. Quizá la Coca-Cola sea siempre la misma. Quizá las galletas también. Y quizá lo que cambia no esté en la lata ni en el paquete, sino en el momento.

Puede que no sea solo cuestión de sabores. También cuentan el lugar, la compañía y los recuerdos.

De momento, seguiré disfrutando de mis Coca-Colas y mis galletas María Fontaneda donde me apetezca. Pero la próxima vez que vaya a Altea, miraré la etiqueta.

No vaya a ser que, después de tantas vueltas, resulte que los alemanes tenían algo que ver desde el principio.

A los que os vais a Santa Pola este fin de semana, que lo paséis muy bien y disfrutéis de estos días.

Y, cambiando de asunto, este domingo nos regalan una hora más de sueño. Algo bueno tenía que traer el otoño.

AlfonsoyAmigos


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