Tenía comprometido el domingo, pero las ganas de montar no desaparecieron. Pensé en salir el sábado, quizá solo, quizá a explorar algún camino. Entonces sonó el teléfono. Era Santa.
A veces basta con que uno tenga ganas de salir
y otro diga: “Voy contigo”.
Ángel llega puntual. Hace
fresquito mientras prepara la bicicleta, pero no importa. Se
adapta a lo que hagamos, me dice. Yo sé
lo que le gusta y procuro plantearle una ruta en la que pueda disfrutar.
Alcanzamos el Alto del León y tomamos la zona
de los toboganes. Dos de ellos son de bajada,
pero el recorrido también nos lleva en busca de Peña del Águila, de la Cañada
Real Leonesa y del Collado Hornillo.
Una parada en la fuente del Hornillo, que hoy
apenas deja escapar un hilo de agua, y seguimos.
Son terrenos muy conocidos por mí, pero hoy
los veo de otra manera, como si pudiera mirarlos a través de sus ojos. A veces
va detrás y otras le dejo pasar para no frenarle. Su
entusiasmo se contagia y también me anima en los pasos más complicados,
celebrando el esfuerzo cuando consigo salvarlos.
Poco más de treinta kilómetros, pero intensos
y disfrutones.
Nos detenemos un momento en el muro de la
presa del pequeño embalse de Prado Toril, que hoy también muestra señales de
alerta en rojo. Después, más arriba,
atravesamos el prado del mismo nombre y me desvío para enseñarle unos búnkeres,
trincheras y parapetos que él no había visto. Un
pequeño trozo de historia escondido entre los caminos.
Afrontamos en subida la trialera del arroyo
Chuvieco y sus tramos más complicados. Voy
siguiendo la estela de Ángel y los dos conseguimos superarlos con satisfacción
hasta alcanzar el Collado de Gargantilla.
De nuevo en el descenso, Ángel anda fino y yo
me vengo arriba al comprobar que consigo pasar por algunos tramos difíciles en
los que otras veces he acabado poniendo pie a tierra.
Regresamos pronto, pero todavía nos queda
mañana.
Unas cervezas, unas hamburguesas y muchas
historias de tiempos pasados que se escuchan con agrado: algunas suyas, otras
mías.
Quizá eso sea lo mejor de algunas salidas.
Que empiezan con una llamada, continúan con
dos bicicletas y terminan alrededor de una mesa, compartiendo mucho más que una
ruta.
A veces basta con que uno diga:
“Voy
contigo”
Enhorabuena! A veces estas rutas improvisadas y de exploracion son muy agradecidas y mas aun cuando ves que el/los acompañantes disfrutan y se entusiasman!
ResponderEliminarUn abrazo
Gracias, Patrick. Y sí, fue una de esas mañanas que se disfrutan especialmente cuando ves al compañero emocionado con lo que vais encontrando por el camino.
EliminarEn los tramos complicados dejaba que Ángel se pusiera delante y me marcara la buena trazada. Él miraba atrás, me esperaba y soltaba un sencillo: “Se puede”. Y claro que se podía.
Un abrazo.
Disfrutando de la amistad !!
ResponderEliminarAsí es, Ernesto. Da gusto compartir una mañana de bici y unas buenas conversaciones.
EliminarUn abrazo.
Eso es. Una simple llamada sirve para apuntarse.
ResponderEliminarAlguno que yo conozco, lo resuelve siempre con un simple.........Voy!!!
Después de leer el recuerdo de lo que supuso para Alfonso enfrentarse a aquella hoja en blanco en aquella entrevista de trabajo hace ya más cincuenta años y de ver el ingenio que tuvo para salir de aquella situación a mí me venía a la memoria la frase de Sócrates " sólo sé que no sé nada" ( qué gran verdad).
ResponderEliminarLo curioso es que al final de aquel texto no había convocatoria de ruta. Como este fin de semana tenía libre ( en mi trabajo ,cosa que pasa cada mes y medio aproximadamente) pensé que algo no " cuadraba" y decidí llamar a Alfonso.
Efectivamente no era un error que no hubiese convocatoria. Alfonso el domingo no podía rodar pero me dice que tenía pensado dar una vuelta el sábado por San Rafael.
Mi reacción fue rápida. Vamos dónde quieras (puedes investigar, lo qué te dé la real gana,...) y así se hizo.
Ni track ni hostias. No hay gps que tenga los senderos como los tiene Alfonso en la cabeza en esa zona.
Es verdad que la ruta no fue larga ( pero las fragancias valiosas se presentan en frascos pequeños dicen).
Me divertí mucho. Hubo alguna trialera que Alfonso me indicaba ( métete por ahí y me esperas en tal punto) y él tomaba otra alternativa. Otras veces era él el que iba delante subiendo por un sendero técnico con una fuerza que me dejaba " flipando".
Y se acabó la ruta como a mí me gusta compartiendo unas cervezas, algo de comida, y bastante conversación,...
Fue un día fenomenal.
Gracias Alfonso.