viernes, 14 de agosto de 2026

Unas gafas de cartón

Ayer os contaba cómo viví el eclipse desde Cabeza Reina, pero hoy me he quedado pensando en cómo empezó todo realmente... 

Mi intención era ver el eclipse por televisión. Ni siquiera había comprado las gafas.

Unas horas antes, unos amigos llamaron a mi puerta y, tras los saludos, me preguntaron si tenía gafas para verlo. Durante un instante pensé que necesitaban una de sobra. Fue justo al contrario: les sobraba una y quisieron regalármela.

AlfonsoyAmigos

Acepté sin pensarlo demasiado. Después, ya en casa, con aquellas gafas de cartón entre las manos, comprendí que tenía que salir a verlo. Ya no era solo una retransmisión cómoda desde el sofá; era el empujoncito que necesitaba, una oportunidad inesperada de vivir aquel momento.

Si me hubieran preguntado al día siguiente, no habría podido decir que me había quedado en casa teniendo la posibilidad de contemplarlo con mis propios ojos.

Hoy, pasado el eclipse, aquellas sencillas gafas tienen para mí un valor distinto. A veces los regalos más pequeños son los que terminan convirtiéndose en los recuerdos más valiosos.

Bajo el mismo cielo


2 comentarios:

  1. Me alegro mucho de que finalmente tuvieses la suerte de recibir ese regalo para poder ver por ti mismo un espectáculo de la naturaleza incomparable con cualquier otra cosa y que tan difícil es que se presente en la puerta de casa.

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  2. Alfonso, como me alegro que finalmente hayas podido ver personalmente el eclipse. Gracias a esas gafas y a esos amigos nosotros también hemos podido disfrutar de una crónica totalmente diferente a si lo hubieses visto en la televisión.
    Un saludo,
    Santa.

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