Hay frases que parecen no decir nada y, sin embargo, dejan un poso extraño
El otro día, al salir de una revisión médica,
leí en el informe:
“Resultados acordes a su edad.”
No había alarma en esas palabras. Al
contrario, sonaban a normalidad, a ese territorio donde todo encaja dentro de
lo previsto. Y, aun así, al doblar el papel y guardarlo en
el bolsillo, me acompañó una leve incomodidad. Como
si, de repente, me hubieran colocado en una estantería ya clasificada y
etiquetada.
Acorde a su edad
Hay en esa frase una forma de simplificar. Como
si todo lo vivido, lo cuidado, lo peleado en silencio y lo disfrutado quedara
reducido a una medida común. A una media estadística que
no distingue matices.
Pensé en la bicicleta. En
esas mañanas de invierno en la sierra, cuando el frío te muerde la cara antes
incluso de empezar a pedalear. En el esfuerzo que aún
reconoce cada subida, en el pulso que se acelera no solo por la pendiente, sino
por la emoción del paisaje.
Y en las horas ante el ordenador: ese otro entrenamiento
silencioso donde la mente busca sus propios puertos.
Pensé, en definitiva, en todo lo que no cabe
en una cifra.
La edad es una medida útil, sí. Un
atajo que orienta, que compara, que incluso tranquiliza a quien firma el
informe. Pero deja fuera algo esencial: la forma en que
cada uno habita su propio tiempo.
Porque no todos los años pesan igual. Ni
todos los cuerpos cuentan la misma historia. Ni
todos los días se viven con la misma intensidad, aunque por fuera se parezcan.
Quizá por eso aquella frase, siendo correcta,
se me quedó corta. No porque no sea cierta, sino
porque no dice quién soy.
Mientras volvía a casa, con el informe en el
bolsillo, pensé que uno aprende a convivir con lo que la medicina mide… y con
lo que no mide. Ese territorio invisible en
los informes, donde sigue transcurriendo la vida.
El domingo habrá ausencias —es el Día de la Madre—, y yo acudiré con ganas acumuladas, confiando en que el cuerpo responda como la cabeza ya imagina.
Hora de encuentro: 8,45
Lugar de encuentro: Aparcamiento junto Restaurante El Tomillar en San Lorenzo
de El Escorial
Tengamos la edad que tengamos seguiremos disfrutando de nuestra aficcion juntos! Cuando las piernas no pueden, el corazon nos lleva a la meta!
ResponderEliminarUn abrazo.
"...el corazón nos lleva a la meta". Bien que lo has demostrado, Patrick.
EliminarNo termino de ver el problema en “acorde a su edad”. Es una forma de ordenar datos, no de etiquetar vidas. El riesgo está en leerlo como algo más de lo que es.
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