Un Domingo de Resurrección que a la postre sería un domingo de reencuentros
De La Estación de El Espinar partiría un grupo de amigos hacia el ya tan conocido Puerto de Pasapán, no sin antes recorrer todo el cordel que lleva hacia la puerta donde se inicia el ascenso.
Los allí presentes seríamos: Andrés, Enrique, Fernando, Jesús, Juan, Miguel Ángel, Nacho, Raúl, Santi y Luis Ángel.
Crónica: Luis Ángel
El reencuentro mencionado tenía como protagonistas a Fernando y Nacho, que tras unos meses de ausencia por lesiones y problemas físicos volvían al grupo con la misma alegría, ilusión y energía de siempre.
Pawel se nos uniría al pasar por Los Ángeles de San Rafael, pero a los pocos metros y minutos de estar con nosotros, un problema irremediable en el cambio de su bicicleta le haría tener que abandonar y volver a su casa. Qué lástima, amigo, te veremos pronto de nuevo.
Iniciaríamos la subida a Pasapán, pero esos 20 km de aproximación hasta los pies de la montaña se llevan ya en las piernas y parecen querer pasar factura justo antes de empezar el gran test de la mañana. Una subida de 8 km y 650 metros de desnivel que requiere no solo de esfuerzo, sino también de concentración y mentalización.
Un puerto que parece atraparte a cada metro, a cada pedalada, y donde es imprescindible poner el ritmo que cada uno considere, sin mayores retos que el de coronar de manera óptima.
Es de esas subidas donde lo mejor es pensar que todo tiene un final, que cada metro que avanzas ya es pasado y donde el sufrimiento es tu único aliado durante toda la ascensión.
Y como no puede ser de otra manera, se acaba llegando a ese monolito donde se anuncia el punto más alto del Puerto de Pasapán, en plena Mujer Muerta.
Bravo por todos los compañeros de ayer. Pero mención muy especial y emocionante para Fernando y Nacho, que tras sus meses sin poder acudir a rutas hicieron la ascensión con verdadero pundonor y casta, pedalada tras pedalada. Sufriendo y sin la más mínima objeción. Admiración, la nuestra, para vosotros dos ayer.
Muy especial y emocionante la llegada a ese punto alto del día, a 1.850 metros de altitud.
Y el ambiente arriba no podía ser mejor. Acompañaba todo: un soberbio día de sol y temperatura, el haber culminado la llegada y, como no, saber que el esfuerzo del día ya había sido completado y solo nos quedaba disfrutar de una larguísima bajada hasta el punto inicial del track del día.
Al final, en La Estación, un rato sentados juntos, comentando lo acaecido en la mañana, en historias ya pasadas y en proyectos futuros, y todo ello gracias a Miguel Ángel, que pudo invitarnos a todos por su pasado cumpleaños.
Y gracias a todos los que hicisteis de este domingo un día tan especial e impresionante por clima, por track y por reencuentros. Pero sobre todo por haber pasado un día juntos tan sensacional. Rutonazo hoy de principio a fin. Maravilloso.