sábado, 19 de septiembre de 2026

Sábado

Una ruta exigente hacia las Tres Provincias

Mientras tomo el café, abro la puerta de la calle. La mañana ha amanecido fresca. Dudo si abrigarme más o confiar en que, tras las primeras pedaladas, agradeceré haber salido ligero de ropa.

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Es sábado. No es nuestro día habitual para salir, pero hoy la bicicleta espera y habrá que ver quién acaba compartiendo camino.

La incertidumbre de siempre se despeja cuando nos encontramos: Andrés, Ángel, Enrique, Ernesto, Nacho, Pawel y Alfonso.

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Sin demoras, damos comienzo a la ruta desde el mismo lugar al que esperamos regresar para compartir unas cervezas. Pero todavía tenemos mucha mañana por delante.

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De San Rafael a El Espinar nos esperan unos kilómetros de camino y carretera, de fácil y rápido rodar, donde Andrés marca el ritmo. Tanto, que parece el más animoso de todos, incluso cuando tomamos el desvío hacia La Mata de Santo Domingo.

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A lo lejos distinguimos su viejo arco de piedra, los restos de la antigua ermita de Santo Domingo, que guarda memoria de los primeros asentamientos en estas tierras. No nos acercamos esta vez. Arco de la Ermita de Santo Domingo

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Reconozco que hacía tiempo que no rodaba por aquí. El verano no es la época más propicia: no hay sombras y todo está muy seco, pero eso ya no es novedad.

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Nuestro amigo, que sigue en cabeza, nos confirma que la puerta que en tantas ocasiones encontramos con candado, hoy nos permite el libre paso.

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Hacia las Tres Provincias

Tenemos por delante el ascenso por la Vereda de la Isabela, que desemboca en el caserío del mismo nombre. Pero, como en otras ocasiones, giramos a la izquierda hacia la Vereda de los Serrano. El terreno se endurece y gana desnivel.

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Kilómetros atrás tuvimos la impresión de que pasaríamos calor, pero, mientras luchamos con un firme muy roto, aparece una brisa fría de cara que, si bien alivia la temperatura, ralentiza la marcha.

Resulta difícil avanzar en grupo: cada cual elige su mejor ritmo y yo me pego a Enrique, que sabe marcar el adecuado.

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Ernesto ya pregunta por alguna fuente y, poco más adelante, a nuestra izquierda, aparecen el Refugio de la Majada de los Lobos (1.508 m) y su pilón, que apenas da agua, pero alcanza para llenar algún bidón.

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La ruta nos lleva hasta el mojón de Las Tres Provincias (1.568 m), en la Dehesa de La Cepeda. Estamos en un enclave madrileño, perteneciente a Santa María de la Alameda, aunque aquí Madrid se da la mano con Segovia y Ávila.

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El desvío exigente

Ofrezco la posibilidad de una ruta alternativa que nos aliviaría de algún kilómetro duro, pero la negativa es unánime.

¡Bravo! Seguimos adelante.

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Oculto a la vista, salvo que te acerques a su encuentro, se mantiene en pie un viejo puente de piedra, de estilo románico y de época medieval. Tenemos muchas fotos de hace años en ese punto, pero hoy no nos detenemos.

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Rodamos por pistas muy pedregosas, que castigan las piernas tanto en las subidas como en las bajadas, hasta alcanzar la puerta que nos saca del enclave.

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Poco más adelante, en una zona de búnkers, hay otro pilón, este más generoso. En lo alto alcanzamos una encrucijada de caminos ya habitual en nuestras salidas, pero hoy tomamos un trazado diferente hacia el Refugio de las Esquinillas (1.590 m), en un entorno muy agradable.

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La propuesta que hago a mis compañeros a partir de aquí es exigente: apenas un sendero de vacas que se adentra en el bosque, sinuoso y con un desnivel duro pero salvable. Cierro el grupo, viendo con orgullo cómo avanzamos en fila india, buscando el mejor trazado.

Con la sensación de haber exigido demasiado, digo en voz alta:

—Las cervezas corren por mi cuenta.

Y es Pawel quien responde al instante:

—¿Por qué? ¡Si está genial!

¡Bravo y bravo!

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Aparecemos en la zona de Las Lagunillas, que parecen ansiar la lluvia, y nos acercamos a la puerta de la cotera, en el Collado de las Lagunas (1.675 m). 

Camino de las Municiones

Iniciamos el descenso por el Camino de las Municiones, bastante limpio. En un suspiro perdemos de vista a Enrique y a Nacho; el resto bajamos a otro ritmo.

Avanzo bien, o eso creo, hasta que algo falla: un pedal choca al salvar un obstáculo, gira el manillar, el pie no encuentra dónde apoyarse y empiezo a caer de lado, sin remedio.

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Por suerte, quedo encajado entre unas rocas que me impiden rodar ladera abajo, aunque la e-bike queda sobre mí dejándome inmovilizado.

El primero en llegar es Ernesto. Para tranquilizarle, le digo que estoy bien: —Apártame la bici de encima.

Se suman Ángel y Pawel, y hace falta la ayuda de los tres para sacarme del agujero. Quedan a la vista los arañazos y el casco dañado (los moratones y los dolores ya darán la cara en casa).

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Han sido dos kilómetros intensos, pero volvemos a estar todos juntos para afrontar los últimos descensos que, no por conocidos, dejan de ser complicados.

Completamos 36 kilómetros con la sensación de haber recorrido muchos más. Cansados, pero muy satisfechos. No he oído ni una sola queja… o, si las ha habido, han sido en voz muy baja.

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A muy buena hora, sentados ante unas cervezas y refrescos, caen un par de rondas. Con la euforia y la adrenalina a flor de piel, empiezan a surgir las propuestas para próximas salidas.

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Ángel se acuerda de mi caída y comenta:

—Con lo grande que es, pero cuando le he visto ahí metido… ¡parecía el Niño Jesús en el pesebre!

Todos ríen. Yo, desde luego, también.


8 comentarios:

  1. Fer
    Buena ruta la que os marchasteis, dura seguro pero divertida también.
    Alfonso, espero que tu caído quedará en magulladuras y el susto .

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    1. Gracias, Fer. Sí, fue una ruta dura, pero de las que dejan buen sabor de boca. La caída, en caliente, apenas se notó, pero hoy estoy bastante más dolorido y con un tobillo hinchado. Espero que todo quede en magulladuras y poco más. Nos vemos pronto.

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  2. Me ha gustado mucho la ruta, muy completa: ha tenido de todo. Mañana estupenda de temperatura y compañía; y nos hemos reído un montón , si señor. Y hemos salido puntuales y llegado a muy buena hora para tomar ‘un par’ de cervezas. No se le puede pedir más a la vida. Bueno si, una siesta que me eché de buen gusto. Por cierto, no conozco a nadie que monte habitualmente en bici que no haya comprado parcela, son gajes del oficio.

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    1. Pues sí, Ernesto, parece que comprar parcela forma parte del equipamiento básico del ciclista. 😄 La mía esta vez vino con servicio de rescate incluido, que tampoco está mal.
      Y lo de la siesta después de una mañana así… eso sí que es saber rematar una ruta.
      Gracias por la compañía. Fue una mañana estupenda.

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  3. Me gustan estas rutas en las que vas descubriendo caminos sobre la marcha. Si encima el grupo se anima a seguir, ya tienes la mañana hecha. Enhorabuena.

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    1. Gracias, Javi. Hay días en que lo mejor es dejar un poco de margen para la improvisación y ver hasta dónde nos lleva el camino. Y cuando el grupo acompaña, todavía mejor.

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  4. Los sabados al sol! buena ruta os habeis marcado con senderos conocidos y otros nuevos! La zona de Santo Domingo hace mucho tiempo que no la pisamos... La caida , gaje del oficio, menos mal que no ha sido grave!.... Un abrazo.

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    1. Gracias, Patrick. La zona de Santo Domingo tiene rincones que merece la pena volver a recorrer. Y sí, la caída parecía poca cosa al principio, pero dos días después se ha hecho notar bastante más: tobillo hinchado, algunos cortes y más dolor de lo esperado. Nada grave, eso sí, y poco a poco va cicatrizando. Lo curioso es que mis últimas caídas han sido en escenarios bastante parecidos… quizá haya algo que debería revisar. 😄 Un abrazo.

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